Friday, December 31, 2004

El Universo - Parte 2

El Universo ha sido formado por la condensación de la materia diseminada en el espacio. El Universo es la morada de todas las familias humanas. Los globos que pueblan esos espacios inconmensurables, están distribuidos por gerarquías.

El espíritu homano está llamado a recorrer, durante su eterna vida esas grandiosas etapas del infinito. A ello le arrastra la invencible fuerza del progreso espiritual. La tierra, por desgracia, como mundo de expiación y de pruebas, está colocada en grado inferior; las pasiones sobrepujan a la humana razón y de aquí que el progreso moral sea lento y penoso en su marcha. Esto, empero, no evita que pueda una día el hombre mejorar su condición y alcanzar el ideal que persigue.

Como la tierra hay muchas moradas destinadas a la expiación, que es ley interminable. Hay, por el contrario, mundos felices, en donde solamente se tiende al bien común, estando postergado el egoísmo, por el hecho de que para ello están constituidos, siendo ley soberana la razón, que somete a su imperio el poder de los instintos groseros de la materia, manantial fecundo de las pasiones, que retardan la marcha del progreso en los mundos inferiores.

Cada unos de esos puntos luminosos que contemplamos atónitos en esa azulada esfera, como fijos por la manos del Eterno en la bóveda estrellada, pero que miden en su tránsito, al través de los abismos del espacio velocidades incomparables, son otros tantos mundos habitados por humanidades, que, como nosotros acá, en este pequeño globo, recorren sin cesar la ruta que les está trazada desde el origen de su existencia en el cosmos.

En ellos como en la Tierra, según las mas racionanles hipótesis, existen animales, vegetales y minerales, con tal abundancia, variedad y belleza, tal como les es permitido, según las leyes que presiden las funciones de la vida orgánica en cada uno de los mundos.

Finalmente, hay puntos interesantes que observar en la materia de que se acaba de hacer mención:

Los cuerpos se atraen en razón directa de sus masas, y en razón inversa del cuadrado de las distancias. La atracción es una fuerza universal. Los cuerpos nada pesan fuera de la esfera de atracción de los mundos. Si a un espacio interplanetario, donde por consiguiente, no puede haber atracción, se lanzase una masa colosal cualquiera, por efecto de un cataclismo sideral, esta masa quedaría en suspenso, y sin movimiento, aun mas que la burbuja de jabón en el aire.

El sonido no existe donde no hay atmósfera, supuesto que el movimiento vibratorio del aire es quien lo produce.

Los colores no son condición de los objetos; son modificaciones de la luz sobre la superficie de los cuerpos. Precisamente el color que presentan es el que menos tienen.

Los puntos cardinales desaparecen fuera de la esfera terrestre. No hay alto ni bajo, ni izquierda ni derecha en los espacios.

Las constelaciones no son mas que una apariencia, una perspectiva, y desaparecen si nos separamos un tanto de la Tierra, o sease del paralaje de observación en que nos hallamos.

Las fuerzas organizadoras, modificaciones de la fuerza universal única, no son propiedades de la materia. La materia es por naturaleza inerte, ciega, muerta, y carece por lo tanto de impulso propio. Los átomos como los mundos, no se tocan, aun operando en los cuerpos mas densos, están separados con relación a su tamaño y en armonía con sus evoluciones, cada cual en el círculo que le está determinado en el macanismo universal. La afinidad y las fuerzas siderales ocupan los espacios.

Las fuerzas son impulsoras, soberanas de la materia, y asi como en el mundo de lo infinitamente pequeño se agrupan los átomos por la cohesión, para constituir las moléculas y formar los organismos, en el mundo de lo infinitamente grande, operan en las masas estelares, por la atracción, para establecer el equilibrio del universo.

Las moléculas constituidas por los átomos, están formadas por la reunión geométrica de estos, según la química. Cada molécula representa un tipo geométrico. Asi, por ejemplo la molécula de ácido sulfúrico, monohidratado, es un sólido geométrico regular, un octaedro de base cuadrada, compuesto de siete átomos.

El universo es la unidad viviente, y vive por Dios, como el cuerpo por el alma. Ya hemos hecho constar en otro lugar de este libro, que no somos panteistas en lo absoluto del concepto. Dios es el alma del universo.

Los átomos que constituyen el mecanismo de los cielos y de los seres que puebla nuestro mundo, y las demás esferas, están saturados de su Divino aliento. Nada hay aislado en la naturaleza, todo está encadenado en la imperiosa red de las fuerzas.

La ley del número constituye las armonías del universo visible, como las notas del pentagrama las armonías de la música. Los átomos y las masas estelarias, se atraen, como ya hemos dicho, en razón directa de sus masas, y en razón inversa del cuadrado de las distancias. Todo está sujeto a principios fijos impuestos por el Autor de la mecánica universal.

De la inerte materia, ascendiendo por la misteriosa escala de la vida, nos elevamos a las fuerzas; de estas a las leyes que las dirigen, y de las leyes a Dios.

La armonía llena al mundo con sus acordes. La mecánica celeste lanza atrevidamente en el espacio el arco de las órbitas estelares. La luz, el calor, la electricidad, puentes invisibles, echados de una esfera a otra, hacen circular al través de los infinitos, el movimiento, la actividad, la vida, la radiación del esplendor y la belleza.

En lo absoluto el universo es todo, la tierra es nada, es el infusorio en la gota de agua, es la gota de agua en el mar. ¡Tal es nuestra pequeñez!

Sinembargo, la tierra como todos los mundos que se mecen en el éter, es el asiento de la inteligencia, de la actividad y de la vida, se halla vinculada con aquellos por la solidaridad, está fecundada por el calor de su centro solar, bañada por el manantial de su luz vivificante, y arrullada por las armonías de esas miriadas de mundos lejanos que la mirada atónita del hombre contempla extasiada en las noches serenas.

Ella, como todas las esferas gigantescas, gira rápidamente sobre si misma, en veinte y cuatro horas, y es lanzada con pasmosa velocidad por los espacios, en su movimiento de traslación, a razón de seicientas cincuenta mil leguas por día.

Las estrellas que contemplamos en el azulado firmamento son otros tantos soles, entre los cuales los hay dobles, triples como Sirio o el Can Mayor de la constelación de Orión, cuadruples, rodeados como el nuestro de sus sistemas de mundos, estos de satélites, que recorren los espacios con celeridad intensa; movimientos indescriptibles que lanzan por la inmensidad esos millones de soles como inmensa catarata, unidos respectivamente alrededor de su centro común de gravedad, y obedientes a idénticas leyes que las que rigen nuestro sistema.

Los átomos son permanentes, y no cambian, ni se agotan jamás, aunque pasen de un ser a otro, en sus constantes evoluciones, ya sea en la atmósfera, en los mares, en los ríos, en los minerales, en las plantas, en el reino de la animalidad y en el hombre. En esa cadena interminable de la vida, las moléculas entran y salen de los cuerpos, cambian de posición, pero no obstante conservan su naturaleza esencial, intrínseca.

Dice Flammarión:
"Cuando se ven esos cuerpos inmensos reunidos por parejas, describir, en virtud de la ley de gravitación, que rige todas las partes de nuestro sistema, esas inmensas órbitas que se necesitan siglos para recorrerlas, admitimos a la vez que tienen en la creación un objeto que no alcanzamos, y que hemos llegado al punto en que, la inteligencia humana, se ve forzada a confesar su debilidad, y a reconocer que la imaginación mas rica, no puede formarse del mundo un concepto que se acerque a la grandeza del objeto."

Y añade:
Los astrónomos que se remontan humildemente al principio desconocido de las causas, no pueden dejar de poner en las manos de un ser inteligente esta atracción universal, por la cual el mundo entero está inteligentemente regido."

De estos conceptos surge como consecuencia la noción cierta y evidente de que este barro que pisamos, está animado por la fuerza de la vida, y que el globo en que se agita nuestra delegnable existencia corporal, es un dinamismo viviente. Que la caida constante del universo en el infinito, como dejamos expuesto, es una verdad fuera de toda duda, como lo confirma la ley de la atracción universal descubierta por Newton.

Deber es de los hombres sensatos del presente, dar por un momento la espalda a ciertos pasatiempos estériles, e iniciar a la juventud de hoy, que serán los ciudadanos del porvenir en estas hermosas claridades, porque mientras se elevan las ideas a lo mas alto, no olvidamos del polvo vil de la tierra, o sease de las frívolas preocupaciones; y si es una verdad que en los presentes tiempos de hoy, aun nos rodea el misterio, y hasta la entidad Dios, centro de todas las atracciones del universo se presenta a la razón humana como una hipótesis en el vasto campo de la filosofía; necesario es esperar el día en que el hermoso ideal del sabio se convierta en una bella realidad.

Sabemos que el cuadro de la vida es un misterio, que el tiempo no existe realmente, no siendo mas que una sombra ilusoria, comparada con la eternidad que nos envuelve, y que la gota de agua suspendida, que pugna por ceder a la atracción del centro común de gravedad, es la morada de millones de seres que piensan y sienten, como pensamos y sentimos.

El mundo está saturado de inteligencia aun mas que de luz; esta es un efecto, tiene sus límites, y la inteligencia es un poder universal, es la causa suprema que envuelve, no ya la creación viviente que tenemos a nuestro alcance, sino lo infinito y lo inexplorado, inaccesible al humano entendimiento.

El mundo en su origen, no fue por cierto creado en su perfecto desarrollo, como afirman ciertos textos, no; eñ obedeció, como todas las cosas mas insignificantes, a los inflexibles principios de la naturaleza, siguiendo un proceso evolutivo, mediante millones de períodos seculares. La cohesión como fuerza que agrupa los átomos; la afinidad como fuerza que agrupa las moléculas; la atracción como fuerza que atrae las masas; los movimientos vibratorios de los agentes luz, calor y sonido; la pesantez, la electricidad activa, el magnetismo, todo ese poder desarrollado en el elemento material le imprimió sus energías, aca, allá, en todas las regiones del cosmos.

Recorriendo los escalones de la vida, desde el último de los seres hasta Dios, la gran ley de continuidad se ostenta manifiestamente, y considerando las fuerzas en si mismas, se puede formar una serie, cuyo resultante, confundiéndose con la generatriz, es la ley universal. Todas estas fuerzas son eternas y universales como la creación; por ser inherentes al fluido cósmico, obran necesariamente en todo, y en todas partes, modificando su acción por su simultaniedad o su sucesión. Predominando aquí, moderándose allá, potentes, activos en ciertos puntos, latentes en otros, mas en fin, preparando, dirigiendo, conservando, y destruyendo los mundos en sus diversos períodos de vida; gobernando los maravillosos trabajos de la naturaleza, y asegurando para siempre el esplendor de la creación.

Nuestra historia, como la historia de todos los acontecimientos del universo, como la historia de todas las humanidades entrevistas por el pensamiento, está grabada indeleblemente en todas las regiones del infinito, llevada por la luz al través de los espacios, al través de los soles y de los mundos, sin que jamás se pierda en la sustancia etérea una sola de sus vibraciones.


Thursday, December 30, 2004

El Sol

Este astro, centro de todas las atracciones planetarias, hasta los apartados confines de Neptuno, el que nos alumbra, nos vivifica, comunicándonos la electricidad, y con ella el movimiento y las energías vitales, tiene un radio medio de acción, tomando a Neptuno por límite, de 840 millones de leguas; dista de la Tierra ~ 28.000.000 por término medio, con 260.000 leguas de diámetro, siendo 1.407.124 mayor que nuestro globo.

Sin embargo, a pesar de la importancia que arrojan estos números, crece nuestra admiración al considerar que siendo el Sol 16 veces mayor que la estrella del Cisne, es cien veces menor que Antares; 882 veces menor que Areturno; 20.000 veces menor que Rigel de la constelación de Orión, y un millón de veces menor que Canopsis, esta siendo la estrella de mayor tamaño descubierta hasta el día. Dedúcese pues que siendo nuestro sol fecundo manantial de luz en cuyo poder vive todo un sistema de mundos gigantescos, y en cuyo radio de acción se abarca al parecer un infinito, resulta comparativamente asaz, mezquino y pequeño en el concierto de las creaciones grandiosas de la naturaleza, reveladas por la encantadora mirada del telescopio.

La luz del Sol llega a nosotros en ocho minutos poco más o menos. Si consideramos estas cifras asombrosas, nada de extraño hemos de hallar que le Sol desarrolla energías capaces para sostener en equilibrio el conjunto de mundos gigantescos dentro del sistema.

El Sol arrastra a su familia planetaria, en su marcha al través del infinito, con dirección a la contelación de Hércules, que se halla a mas de 60.000,000.000.000 de leguas, está animado de un movimiento de rotación sobre sí mismo, que ejecuta de occidente a oriente.

Sobre la naturaleza de su luz, tenemos dos teorías, a saber:
La de Newton, que sostiene que el Sol tiene la propiedad de arrojar, como todos los cuerpos luminosos, y con prodigiosa celeridad, partículas de su sustancia. Este es el sistema de la emisión.
Otros opinan que la luz es producida por el éter puesto en vibración al contacto de los cuerpos luminosos (sistema de las ondulaciones).

Entre estos dos sistemas prevalece este último por ser el mas racional y científico.

Estrellas

Las estrellas que alcanzan a la simple vista, no pasan de tres mil, pero en el campo del telescopio su cifra se eleva a setenta y cinco millones.

Constelaciones
Estas son diferentes grupos de estrellas, que a veces toman su nombre de las figuras que representan, y son las siguientes:

Constelaciones Borales de los Antiguos
La Osa menor, la Osa mayor, el Dragón, Cefes, el Boyero, la Corona, Hércules, la Lira, el Cisne, Casiopea, Perseo, el Cochero, Ofiroco o Serpentario, la Serpiente, el Aguila, el Delfín, el Caballo chico, Pegaso, o el Caballo grande, Atinao, Andrómeda, el Triaángulo Boreal, y los Cabellos de Berenice.

Constelaciones Borales de los Modernos
El León chico, los Lebreles, el Sextante de Hevelio, el Ramo de Cervero, el Toro Real, Pamiato Heski, el Zorro y la Oca, el Lagarto Marino, el Triángulo chico, la Mosca o Flor de Lis, el Rengífero, Messier, la Girafa, el Lince.

Constelaciones Zodiacales
El Carnero, el Toro, los Gemelos, el Cangrejo, el León, la Virgen, la Balanza, el Escorpión, el Sagitario, el Capricornio, el Cántaro y los Peces.

Constelaciones Australes de los Antiguos
La Ballena, Eridano, Orión, la Liebre, el Can menor, el Can mayor, el Navío, la Hidra, la Copa, el Vaso, el Cuervo, el Centauro, el Altar, la Corona Austral y el Pez Austral.

Constelaciones Australes de los Modernos
El Hornillo Químico, la Retículo Romboide, el Buril del Grabador, la Dorada, el Péndulo, la Regla y la Escuadra, el Compás, el Triángulo Austral, la Paloma, el Caballete del Pintor, el Unicornio de Hevelio, la Búnjula, la Máquina Neumática, el Solitario, la Cruz Austral, la Mosca o la Abeja, el Camaleón, el Pez Volador, el Telescopio, el Ave del Paraíso, la Montaña de la Tabla, el Escudo de Sobieski, el Ave Indiana, el Pavo Real, el Octante, el Microscopio, la Grulla, el Tucán, la Hidra macho, el Taller del Escultor y el Fénix.

Las Nebulosas
Estas son masa de materia luminosa, que existen en el firmamento, y que según los Astrónomos, resulta de la aglomeración de estrellas, a distancias tales, cuya luz no puede llegar hasta nosotros.

La Vía Láctea es la mayor de todas, a la cual corresponde nuestro sol. Esta nebulosa pasa por las constelaciones siguientes:
Casiopea, Perseo, Oriento, los Gemelos, la Licornia, el Navío, La Cruz del Sud, el Centauro, el Altar, la Cola del Escorpión, el Arco del Sagitario, el Aguila, Ofinco, la Cola del Cisne y la Corona de Cefeo.

Antes de los aparatos de óptica que han suministrado los medios de explorar las magnificencias del infinito, muchas fueron las teorías que surgieron acerca de esta importante zona del cielo, mas luego, con el auxilio de su importante telescopio, nos reveló Herschell que dicha nebulosa comprende una reunión de astros, de mayor y menor magnitud, y de la cual forma parte nuestro sistema solar, el cual, comparado con ese infinito luminoso, acaso no sea otra cosa que un grano de arena en el fondo del océano.

Según las exploraciones de este sabio astrónomo, pueden calcularse veinte millones de estrellas en la Vía Láctea; mas otros opinan que puede extenderse el cálculo a un número tres veces mayor, o sease a la asombrosa cifra de sesenta millones.

Ahora bien, si tenemos en cuenta, la época de Herschell, y los incalculables progresos que desde entonces acá se han operado en el campo harto fecundo de las especulaciones científicas, sobre todo en esta materia, hemos de caer en lo inconcebible, y considerar que el poder de todos los instrumentos de la óptica moderna, jamás podrán darnos una noción evidente y cierta, acerca de esa nebulosa, que, representando a la simple vista la inmóvil y blance niebla, es esencialmente un infinito de vívidos y eternos resplandores.

A este proósito dice el sabio:
"Al ver cómo huyen los límites del mundo a medida que nuestros medios de observación se perfeccionan, y como crecen las distancias hasta el punto de tener que multiplicar prodigiosamente las cifras, aun cuando se tome por unidad la velocidad de la luz, asusta menos la idea del infinito, hacia la cual nuestra repugnancia en el fondo, tan solo es proporcional al alcance de aquel de nuestros sentidos, con que procuramos elevarnos hasta ella."

Los Cometas
Los cometas son los astros errantes de formas caprichosas. Tienen núcleo, cola o cabellera. Recorren órbitas, ya elípticas, ya parabólicas al rededor del sol; y a pesar de su excentricidad, su marcha es periódica, y las predicciones acerca de su vuelta al peritelio, se cumplen con exactitud prodigiosa.

Mucho se ha dicho acerca de la naturaleza y constitución de estos astros errantes, y muchas teorías se han sentado por los hombres eminentes del mundo de la ciencia. Se ha dicho que los cometas son mundos en estado de formación, o de descomposición; que su aparición era indicio de grandes males, o de incalculables venturas para los puebles, y en la antiguedad, el éxito de las guerras, cuando estas coincidían con la aparición de algunos de estos viageros incansables del espacio, lo atribuían a tal coincidencia.

En la actualidad se cree que el papel que representan estos astros melenudos, a la par que humilde, es útil, puesto que su misión no es solamente servir de ilustradores para los vastos imperios solares, sino a la vez derramar la fecundidad y la vida en los mundos que visitan, a través de su marcha vertiginosa por los desiertos siderales, tomando de las diferentes regiones que atraviesan nuevos elementos que deponen en los mundos terrestres.

La constitución física de los Cometas es variable: los hay de barba, cabellera y cola. Los hay de núcleo de materia sólida, bastante considerable, y los hay esencialmente gaseosos.

El ojo audaz del telescopio, ha despertado al mundo, y enriquecido la ciencia astronómica con sus revelaciones grandiosas. No es un número reducido de cometas el existente: millares de cometas se cuentan recorriendo las vastas regiones de nuestro sistema.

Si un cometa esencialmente gaseoso invadiera la Tierra, pasaría esta por su centro, como pasa una locomotora por un enjambre de abejas que se le interponga. Si un cometa de núcleo sólido viniese a encontrarse directamente con la Tierra, la reduciría a cenizas, porque la violencia del choque sería formidable y la tierra no podría resistirlo.

Un simple contacto, el mas insignificante, aun en sentido oblicuo, podría empujar el eje de la tierra, y derramar los mares sobre los continentes, cuando no paralizar repentinamente su curso, su movimiento de rotación, y lanzarnos al espacio. También pueden los cometas producir grandes daños en las esferas estelares, según los elementos de su constitución física, ya sea envenenando la atmósfera con sus gases delehereos, o ya encendiéndola al contacto de algún gas con el oxígeno terrestre.

La historia de la Astronomía, no cuenta empero, en sus brillantes páginas, ningún cataclismo sideral de esta clase. En sus inmensas órbitas, siguen su curso vertiginoso al través del infinito, con pasmosa celeridad, y desaparecen por siglos a veces del radio solar, mas cuando van acercándose al término de su afelio, esa celeridad desaparece, reduciéndose a la insignificancia de un metro, proximamente por hora, para volver luego a aumentar su velocidad por la atracción solar, tanto mayor, cuanto mas se va acercando al perihelio.

El Cometa "Halley", cuyo núcleo se consideraba cincuenta veces mayor que la Tierra, fue objeto de la intranquilidad de la especie humana en todas las regiones del globo; mas este núcleo se hallaba a inmensas distancias, figurándose como una estrella de tercera magnitud, y su inmensa cola que cojió todo el cuadrante, por muchos días, nos dejó sumerjidos a su paso, aunque por breves horas.

Este simple contacto, al que tanto se temía, y que tuvo en consternación al mundo, nada produjo atendido a que, siendo la atmósfera de mayor densidad que el fluido cometario y este, harto sutil, que escapaba a la atracción terrestre, quedando flotante sobre las primeras capas de aquella, no pudo penetrarla, y por lo tanto sus elementos deletereos no pudieron producir daño alguno.

Pasó pues, el temido choque, y la tierra ha seguido cumpliendo su misión en la vida planetaria, la humanidad viviendo tranquila, y feliz, con mayor experiencia de estos fenómenos estelares para lo porvenir, y la ciencia contemporánea recogiendo nuevos datos del reguero luminoso que le ha dejado en su marcha al través de los abismos infinitos, el atrevido y misterioso vraguero del universo.

Ahora bien; ¿Habrá fundamento en los hombres para temer al choque de un cometa con la tierra? No hay imposibilidad absoluta en que esto pueda suceder, mas es lo cierto que, tenemos en contra de esta posibilidad 281 millones de veces contra una, por lo cual se vé que todo temor vendría a ser infundado y ridículo.

Cometa de 1770
Este cometa fue descubierto por Messier en Junio de 1770.

Cometa de período breve
Este cometa fue descubierto en Marsella en Noviembre de 1817 por Mr. Pons. Recorre su órbita en tres años y medio.

Cometa de Biela
Fué descubierto el 27 de Febrero de 1824 por Mr. Biela; pero Mr. Gambart, que le observó algunos días después, encontró, determinando sus elementos parabólicos, que ya en 1772 y en 1805 había sido observado.

Wednesday, December 29, 2004

Planetas

Veinte planetas existen en nuestro cielo, entre los cuales unos son visibles y otros invisibles, que necesiatan del auxilio del telescopio. A la categoría de los primeros perteneces los siguientes: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Invisibles
Floría, Victoria, Vesta, Iris, Metis, Hebe, Partenope, Astrea, Juno, Ceres, Palas e Higia.

Todos los planetas giran de occidente a oriente en su movimiento de rotación, y a la vez que por el movimiento de traslación al rededor del astro central, recorren anualmente órbitas elípticas.

Mercurio, Venus, la Tierra y Marte giran en veinte y cuatro horas mas o menos, sobre su eje; Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno en diez también aproximadamente.

Las distancias de estos globos a la Tierra y al Sol, su volúmen, sus masas y sus velocidades no se han ocultado a los alcances de la ciencia, y hoy se determinan con presición matemática.

El Universo

Esta palabra mágica, por demás sugestiva, que significa el conjunto de todo lo creado, desde la humilde hiervesilla, que vive a expensas de la savia terrestre, hasta el astro prepotente que gravita en los espacios, ha sido, es y será siempre la idea que mas ha preocupado la mente de los sabios, desde las primeras tentativas de la razón humana, encaminadas a explorar los profundos misterios del mundo físico.

Desde los primeros tiempos de la humana existencia hasta nuestros días, mucho se ha escrito acerca de esta materia trascendental, y muchos también han sido los errores de los sabios.

Según opinión de Thales, y de los Estoicos, la tierra vogaba sobre el mar, como un gran bagel. Asi también lo pensaba Homero, Zenon, Soneca el Trágico, Séneca el Filósofo, Estrabon, Jenófanes, Anaximeno, Anaxagoras, Demócrito, Platón, Aristóteles, Empedocles, y otros sabios no menos prominentes, en el vasto arsenal de los conocimientos humanos.

Verdaderamente, si consideramos la universalidad de las cosas creadas, siquiera sea hasta los estrechos límites de nuestro pobre entendimiento, la armonía, la variedad y la belleza que en todo se refleja, y observamos a la vez que esa variedad infinita está subordinada al plan general, por la solidaridad que reina en todos los eslabones de esa inmensa cadena de seres y de cosas, y que constituye el equilibrio universal; así como en el fondo de todo un plan preconcebido, que sujeta a la mas perfecta unidad el conjunto de evoluciones y de fenómenos de la naturaleza; hemos de concluir por la irrebatible fuerza de la lógica, que la doctrina de Aristóteles acerca de las causas finales, está fuera de toda duda.

En tal supuesto, mas lógico me parece hallar a la entidad Dios en las leyes y fuerzas conocidas, en las matemáticas, en la geometría que resplandecen en el maravilloso mecanismo de los cielos, que en el difuso campo de las hipótesis.

Preciso es destruir la historia que se repite dia tras dia en los templos y fuera de los templos acerca del universo y su origen, y este es un punto preferente para mí, toda vez que este libro va encaminado a infiltrar en el espíritu de mis hijos la verdad escrita, la verdad filosófica, algo de luz en todos los órdenes de la existencia física, moral e intelectual.

La creación no ha terminado ni terminará jamás, mientras existan las prepotentes fuerzas creadoras al servicio del poder intelectual que reside en Dios: la afinidad molecular, para constituir los cuerpos, lo existente, lo visible. Si privásemos a la molécula de esa fuerza, quedaría destruida en un segundo la obra del universo, y a los explendores de la luz, sucedería el reino de las sombras, el caos.

La electricidad y el magnetismo fluidos imponderables que penetran los cuerpos, saturan la atmósfera y reconstituyen los seres y los mundos.

La atracción que sostiene en equilibrio dentro de cada sistema los globos que gravitan en la extensión sideral.

La gravitación universal que produce la caida constante del universo en el infinito.

Esos globos gigantescos, esos soles inmensos, ante los cuales la tierra es un grano de arena; esas constelaciones, ese panorama entero de los cielos que, como inmensa catarata caen en los insondables abismos con una velocidad de sesenta millones de leguas por año, ¿Dónde van a parar? Al infinito, siempre al infinito.

La ciencia ha podido calcular mas o menos, la edad de la tierra, basada en los datos geológicos, lo cual resulta mas una hipótesis que una realidad inconclusa; mas la eded del universo será siempre un problema insoluble para los sabios, un misterio que permanecerá encubierto bajo el denso velo de nuestra ignorancia.

Cosas hay a las cuales no puede alcanzar el humano espíritu, porque en la tierra, como en todas las esferas, existen límites infranqueables.

Con respecto a la Tierra, Mr. R. J. Strutt, físico inglés, valiéndose de un método que el considera preciso ha hecho el cálculo mas reciente. Estudiando las propiedades del Elium, ha podido imaginar la cantidad de dicho elemento que han contenido ciertas rocas y minerales desde el dia en que se formaron. Al analizar ciertas muestras de Circon tomadas de las regiones volcánicas de Europa, Africa y América, halló Mr. Strutt que las rocas basálticas de Auverne, pertenecientes al período terciario, tienen solamente 6.270.000 años: que las cimientas de Noruega tienen una edad de mas de 54.000.000 de años, y que el barro azul diamondifero de Kimberley (Africa del Sud) tiene la respetable edad de 320 millones de años. Empero las rocas laurencianas del Canadá, fueron formadas cuando meos hacen 622 mllones de años, de lo cual deduce el físico citado, que la tierra no puede tener menos de 700 millones de años.

La Patria

Hay quien haya escrito que la Patria es primero que la familia, pero yo veo en tal aseveración, un convencionalismo político, convertido en axioma, porque, si es una verdad que tenemos serios deberes que cumplir para con la patria, estos se refieren mas particularmente a sus intereses materiales, mientras que los que atañen a la familia, son inspirados por la naturaleza y obran en virtud de móviles mas elevados del orden moral, que imponen expontáneamente nuestros sentimientos, desde el primer rayo de sol que iluminó nuestra cuna.

Yo me siento, dice el infeliz proscrito, adherido a mi patria, como la planta por la raiz. La veo en mis ensueños, la adoro en mis amargas desventuras. ¡Ah! ¡quien pudiera aspirar las perfumadas brisas de sus campos! Mi corazón se siene unido a ella por vínculos indisolubles.

Los recuerdos de la infancia, los de nuestras ilusiones primeras que han dejado profundas huellas en el alma, hacen adorable el hogar donde se nace. Estamos ligados a la patria por los vínculos del afecto; mas también, y muy principalmente, por la ineludible ley del instinto. En nuestro cerebro está localizada esa tendencia, mas o menos pronunciada, según cada organización.

El patriotismo es evidente que guarda íntima relación con la vida material del ser. Generalmente la región donde se nace es la que mas se adapta a sus necesidades orgánicas, y hay hombres a quienes lejos de su patria, se les hace asaz penosa la vida, e intolerable la existencia.

La nostalgia es una afección profunda ocasionada por la ausencia de la patria. El proscrito la adora en el recuerdo, y convierte en un ídolo la insensible y dura peña del pueblo donde ha pasado los venturosos días de su infancia, y cuando jóven el recuerdo de sus primeras impresiones de amor que han dejado gravadas en su alma las irradiaciones celestes de la única felicidad que existe sobre la tierra.

El hombre, ha dicho un escritor, es cosmopolita en el sentido de que puede resistir a las variadas influencias de las zonas climatológicas, mas no lo es en absoluto, afirmando que puede vivir indiferentemente en un país, en una región cualquiera, para trasladarse luego a otros puntos; no, es muy raro el número de hombres para quienes el sol es siempre vivificante, la naturaleza siempre risueña, la tierra bella y libre, y para quienes el cosmopolitanismo sea una necesidad.

Todo esto es perfectamente lógico, si se atiende a que el hombre físicamente considerado, necesita del clima, del sol, del ambiente, de la atmósfera de su país, del recuerdo de sus afectos que forman parte de su vida moral; pero si se atiende a que, ensombrando el círculo de sus ideas, y la esfera de sus necesidades y aspiraciones, creadas a merced del proceso evolutivo de los tiempos, es algo mas que un organismo que vive de aire y de luz, si bien quiere sus montañas, sus valles y sus prados, que despiertan en su alma las dulces reminiscencias de la infancia y de las pasadas glorias de su juventud, vive también de esas ideas que le hablan de la fraternidad universal, de las grandes y portentosas conquistas del genio, cimiente de luz, surgida del profundo seno creador para incubar en el cerebro humano y trazar en la marcha de los pueblos el extendente derrotero de la civilización.

El sentimiento del amor patrio cumple su altos fines en la historia, no sembrando la desolación y el luto, no secundando las injustas ambiciones del poder y sus desmedidos egoismos, fuente de esas terribles convulsiones que azotan los pueblos y destruyen los Estados, mas si, cuando se consagra al triunfo de la justicia, a la consolidación del bien en sus gloriosas manifestaciones, y al imperio de la libertad.

Velar por la paz universal es ser patriota y a la vez cosmopolita; es fundir ambos conceptos en uno solo, del cual surge resplandeciente el rayo de la justicia. Somos cosmopolitas porque no se nos oculta que los principios que informan su credo, se fundan en la fraternidad universal, única fuerza moral que, separando las fronteras, tiende a fundir en una vasta unidad las mas distantes regiones del globo.

La vida de los pueblos, así como la vida en el concierto universal, necesita del concurso de todos los elementos para ser fecunda. En presencia de ese movimiento evolutivo que crea el prodigioso desarrollo de esas múltiples fuerzas puestas al servicio del poder intelectual para encauzar la vacilante nave que surca los procelosos mares de los humanos destinos. ¿Quién tendrá al presente noción segura para calcular y preveer las diversas metamorfosis que deberán un día operarse en todas las relaciones sociales?

Ante tales consecuencias, dice una gran pluma, cuyo secreto está todavía en el tiempo, no nos será permitido entrever desde ahora los intereses de los diversos pueblos, de tal modo mezclados y confundidos entre sí, que toda guerra venga a ser absolutamente imposible. De esta suerte los progresos del cosmopolitanismo darán como resultado el eternizar la paz del mundo.

Así, el Cosmopolita en sus nobles presentimientos, verá surgir la aurora de una nueva era, y podrá asegurar el tiempo en que todos los miembros del género humano, unidos por el triple lazo de los intereses, de los sentimientos y de las ideas, no formarán más que una sola familia.

Por último, frente al sentimiento del patriotismo que nos adhiere a la tierra de nuestra naturaleza, y nos hace sentir sus palpitaciones profundas, como a la planta por la raiz, ley hereditaria, atávica, que nos inclina al retroceso, está la idea cosmopolita que nos lanza al infinito en alas del ideal humano de la justicia, y nos hace ciudadanos del universo.

Monday, December 27, 2004

Impresiones - Capítulo 1 - Mis Ideales

Hay tres cosas en la vida que siempre han preocupado mi espíritu: El Hogar, La Patria, El Universo.

En la primera encuéntrase la familia, creación sublime, único destello de felicidad que existe para el hombre honrado sobre la tierra. Lejos de la familia hallamos la justicia humana desnivelada, el vacío en la sociedad corrompida, minada por los vicios.

Cuando ya desengañados sentimos desaparecer los encantos de la amistad, mustias las flores de nuestras ilusiones, idas para siempre. Cuando de todo no queda mas que la pálida luz del recuerdo eclipsada por la nube de las decepciones, ¿Dónde, pues, podremos encontrar la felicidad que en el seno del hogar, allí donde está constituida la familia por los vínculos de la sangre, que es por lo tanto, cuanto mas puede conmover el corazón humano?

Esta frase mágica, fuente de amor y de santos recuerdos, compendia en si cuanto de grande existe sobre la faz de la tierra. Ell sintetiza los sentimientos de amor, de veneración, de gratitud y de todo cuanto hallamos de noble y grandioso en el fondo de nuestro ser, porque mientras que de puertas afuera, en la sociedad encontramos reinante el doblez, la hipocresía y todo género de falsedades, en la familia solo hallamos esa franca solidaridad de tiernos afectos, la sinceridad, el amor santo y bendito de los esposos, padres, hijos y hermanos, y cuanto puede constituir nuestra ventura, y los encantos de una existencia tranquila y serena.

Siendo la familia el fundamento de la sociedad, reconoce como garantía la consolidación del vínculo entre los esposos. En donde la ley del divorcio existe ampliamente, como por desgracia sucede en Puerto Rico, no es raro ver relajada la moral, y como consecuencia la corrupción de las sanas costumbres, pisoteada la lealtad jurada, y como término de todo, la conversión de la mujer honrada en ramera o prostituta.

En la familia están condensadas las afecciones mas nobles del corazón humano. Concibo el divorcio solamente en virtud de causas imperiosas, y este concepto se funda en que la inmensa mayoría de estos casos obedece mas a la sensualidad que a un motivo razonable y legítimo. ¡Desequilibrados deben andar los legisladores cuando sacrifican el bienestar social a los caprichos del libertinaje!

El individuo inútil a la familia lo será asimismo a l patria. La familia es el compendio de la nación, y los legisladores mas sabios se han esforzado en reproducir en sus códigos las leyes que le hacen prosperar, leyes que se reducen a una sola palabra: Unión. La felicidad, el poder y la gloria de la familia están comprendidas en ella.

¡Desgraciado de aquel que se equivoca o falta en el cumplimiento de los deberes que le impone la familia! ¡Desgradiado de aquel cuya alma es inaccesible a las afecciones que producen sus dulces lazos! Herido del dardo que le ha traspasado, en vano buscará el aislamiento para su felicidad: la suerte ha querido que la familia vaya unida con él en cuanto afecta a su honor, a su fortuna y a su existencia misma; por todas partes le seguirán sus afrentas y sus miserias.

¿Y será acaso esta necesidad de unión la que produce la violencia de los odios que a veces se suscitan entre las personas que la naturaleza destinaba a amarse mutuamente?

En verdad que son inconcebibles los odios en el seno de la familia; esta abominable pasión necesita, sin duda alguna para desarrollarse, llamar en su ayuda a las mas escecrables pasiones humanas: y solo así se concibe que las hordas salvajes, salidas de las extremidades de la tierra muestren menos encarnizamiento entre sí, que los hijos nacidos de un mismo seno.

Y al referirme al hogar, he de considerar ese bello recinto, iluminado eternamente por los resplandores de la mas acrisolada virtud, sin la cual también sería incompatible la felicidad ambicionada.

No somos partidarios del lirismo, de la lisonja, y por lo tanto no es nuestro propósito encumbrar a la mujer sin títulos para ello, y exhibirla gallarda y majestuosa sobre el pedestal de una gloria inmerecida, no.

Mas la que ha sabido educar a sus hijas bajo los principios de la mas austera moral, instruyéndolas en aquellos deberes que la sociedad impone a la mujer, bajo el doble concepto de la esposa y madre; la que ha sabido inspirar a sus hijas la aversión al fausto, al lujo, que es un azote y el fracaso de toda fortuna y de todo bienestar; la que ha tenido por norma la lealtad; la que no ha dilapidado en los establecimientos de joyerías cuantiosas sumas representativas del sacrificio de cuanto a fuerza de grandes trabajos ha adquirido su marido, sino que por el contrario, por medio del orden y la economía contribuye a conservar esos recursos, dándoles luego una acertada aplicación en las necesidades de la familia, esa es la noble matrona a quien rendimos todo el homenaje de nuestro afecto y veneración, y la figura poética que representa el ángel del hogar.

Muchas madres, sin embargo, al tratar de la completa educación de sus hijas, creen que han cumplido su elevada misión de madre, buscándole un maestro de piano y de dibujo, para que luego por sus habilidades artísticas, brillen en los salones, olvidándose en absoluto de que, esa que es hoy una niña, mañana llega a ser esposa y madre, y que necesitaría en el porvenir, por lo tanto, instruirse en los asuntos que se refieren al hogar que es su templo.

Es por lo tanto sensurable, que por constituir desde los primeros años a la mujer en un artículo de lujo en la sociedad, se olviden los deberes principales que afectan a la casa y al esposo. Nadie sabe, ni es capaz de preveer, hasta que punto pueden conducirnos las continuas oscilaciones de la suerte; y si en los aciagos días de nuestras desventuras no contamos con un valioso elemento, cual es la mujer instruida, que siquiera sepa servirnos un caldo en el lecho del dolor, no hay que dudarlo, esa amante compañera aumentará por su incapacidad el cúmulo de nuestras aflicciones, cuando mas necesitamos de su asiduo amor y constante solicitud.

Lejos de mi la idea vulgar y retrógrada que tiende en convertir a la mujer en esclava, por el hecho de querer que sea un elemento útil en las apremiantes necesidades de la existencia. No, mil veces no.

En el ciclo de las aspiraciones humanas, es la mujer el punto luminoso, la estrella polar que ilumina el derrotero incierto de nuestra vacilante nave, y durante el recorrido harto penoso de nuestra existencia, y siendo por lo tanto la identificación del grandioso ideal humano, lejos de relegarla exclusivamente a las prosaicas funciones de lo que se refiere a la vida material, debemos, desde que se inician los primeros destellos de su razón, cultivar su espíritu, inspirándole el amor a lo bello, a la estética de la naturaleza, a la ciencia, manatial de vívidos y eternos resplandores, al arte que elva y ennoblece, que exalta las facultades del espíritu, por ejemple a la música y a la pintura; a la música porque ella es el lenguje del alma, y a la pintura porque ella es la representación de la naturaleza.

Ya en el artículo que consagramos a la mujer, establecemos algunos concepto sobre la cara mitad del género humano; considerada, aunque muy sucintamente bajo su aspecto científico, y de ello se desprende, como consecuencia natural, el importante papel que ha de representar, en las regiones de la ciencia y en las esferas del arte, allá en las evoluciones sociales del porvenir.

La mujer tiene en su poder el corazón del hombre y puede constituirse en árbitra y soberana del mundo. Encaminar su espíritu a las serenas y luminosas regiones del arte que engrandece e instruirla a la vez en la magestad de la ciencia que eleva, he ahí lo que debe hacer una madre que está compenetrada de sus importantes deberes en la vida social.

Dedicatoria

Queridos hijos míos:

He llegado a la edad de sesenta y cinco años. Siguiendo la ley común de la vida, sólo tengo en la mente el humo de las glorias efímeras y en el corazón los profundos surcos del dolor. El equilibrio es ley universal, pero buscarlo en la vida moral de los presentes tiempos, lo juzgo una quimera.

Las glorias son vaporosas, como los fluidos imponderables, mientras que el dolor tiene una existencia real, tangible, y de aquí que siempre el ege de la balanza se incline hacia el dolor.

No es mi ánimo, empero, lanzar una acusación ante el autor de todas las cosas, por el grado de fatalidad que me alcanza, en la que respecta a los males de la vida. Lejos de eso.

Nacidos de núcleo, del seno de todos los esplendores hemos de cruzar las sombras, para volver luego al imperio de la luz. Nuestra vida presente es una etapa dentro de la vida universal y eterna del espíritu.

Cada mundo tiene sus leyes físicas y morales, a las cuales hemos de sujetarnos, y la tierra es un mundo de expiación y de pruebas. Para pasar de las sombras a la luz, como pasa nuestro satélite el radio de la nube que se le interpone, necesario es luchar; Oh! Sí, establecer una lucha formidable.

Cumplir con los preceptos de la moral austera, en esa lucha tenaz de toda una existencia, es obtener el más glorioso de los triunfos. La templanza, la resignación, y en suma la virtud en sus expléndidas manifastaciones, son los elementos con los cuales hemos de contar para hacernos fuertes y poderosos en la lucha.

Así pues, cuando llegueis a la edad madura y sintais los recuerdos de vuestros gloriosos días juveniles, así como los torcedores del tormento en vuestro corazón, encontrareis con que fortificar vuestro abatido espíritu, y comprendereis entonces mas que hoy, que si bien la felicidad es una sombra inaccesible, el hogar es en donde podremos encontrar, siquiera sea un débil reflejo de esa ventura ambicionada, por los afectos íntimos, siempre generosos, francos y duraderos de la familia; que, como término final de nuestras aspiraciones, constituye el mas hermoso ideal humano.

Por eso, sintiendolo así en las postrimerías de mi vida, no teniendo mas gloria que vuestro afecto, os dedico estas impresiones en las cuales, si bien no encontrareis erudición, vereis estereotipado mi modo de pensar y de sentir; es decir, los razgos característicos de mi modesta personalidad.

También podreis hallar algo que despierte vuestro interés, en las materias siguientes:

En el artículo que consagro a la familia indudablemente vereis con placer el alto concepto que tengo formado del hogar y de los poderosos vínculos de la familia, como fundamento de la sociedad.

En el artículo "Patria" os demostraré que soy cosmopolita, por ser este el ideal mas compatible con la civilización en los presentes tiempos de luz.

En "El universo" podreis llevar a vuestro espíritu la noción de los profundos misterios del infinito, revelados por el telescopio, asi como un caudal de curiosidades científicas que os habrán de agradar en extremo.

Si os deteneis en este punto esencial, vereis que sois habitantes de ese universo sembrado de soles, mas que de plantas la tierra, y que como entidades espirituales estais llamados a recorrer las grandiosas etapas del infinito, esos globos gigantescos de magnetismo, de elctricidad y de luz, que se ciernen sobre nuestras cabezas.

Comprendereis asimismo, en lo que respecta a la tierra, que asi como hay la atracción, la afinidad molecular, la cohesión, como leyes físicas, existen, como ya os he dicho, en el orden moral, leyes aun mas trascendentales, escritas con caracteres indelebles en el libro de los humanos destinos, y de aqui que la resignación a las causas superiores, en cuanto a las adversidades de la vida, sea un b{alsamo en el cúmulo de nuestras aflicciones.

En "Mi fe" vereis que resplandece como causa soberana la suprema idea de un Dios que surge como lógica resultante de las fuerzas de la naturaleza, de los elementos que la constituyen, de sus fenómenos, y de sus múltiples evoluciones. El Dios personal, pues, es un absurdo.

Dios forma el nucleo de las prepotentes fuerzas creadoras que existen desparramadas por el infinito. Vereis que los seis días de la creación es una fábula, y que la creación no ha terminado, ni terminará jamás, mientras existan las fuerzas que rigen los movimientos formidables del cosmos.

En el artículo "La vida" os recomiendo la consideración del siguiente concepto:

Si desde el átomo que representa la nada imperceptible, hasta Dios que representa la grandeza infinita se traza con el pensamiento el círculo máximo de lo absoluto, encontraremos que dentro de la unidad en él contenida, se halla la variedad y la belleza derramada con profución y explendidez en todos los reinos de esta feraz y rica naturaleza, y cuya diversidad no reconoce otro móvil que las fuerzas operantes, y las condiciones en que se han desarrollado desde el génesis de los tiempos.

También vereis explicado, aunque sucintamente, el origen de las especies, según los alcances de la ciencia, y condenada como errónea y absurda la teoría sobre la primera pareja, en el paraíso terrenal, de que nos hablan las mal llamadas Santas escrituras.

También hallareis en la historia del mar curiosidades que habn de despertar vuestro interés y una marcada atención.

En el consagrado a la mujer, observareis que la elevo a las altas esferas de lo ideal, y finalmente en el artículo "El alma", vereis lo que somos en el concierto de la vida universal, y obtendreis nociones evidentes y ciertas acerca de nuestro destino en lo futuro.

Estas y otras materias podrán seros de alguna utilidad en el curso de vuestra vida, y espero pues que mi buena voluntad, y mis insistentes propósitos, no resulten estériles por vuestra parte.

Vuestro padre,
Julio Arizmendi
c. 1914