Monday, December 27, 2004

Dedicatoria

Queridos hijos míos:

He llegado a la edad de sesenta y cinco años. Siguiendo la ley común de la vida, sólo tengo en la mente el humo de las glorias efímeras y en el corazón los profundos surcos del dolor. El equilibrio es ley universal, pero buscarlo en la vida moral de los presentes tiempos, lo juzgo una quimera.

Las glorias son vaporosas, como los fluidos imponderables, mientras que el dolor tiene una existencia real, tangible, y de aquí que siempre el ege de la balanza se incline hacia el dolor.

No es mi ánimo, empero, lanzar una acusación ante el autor de todas las cosas, por el grado de fatalidad que me alcanza, en la que respecta a los males de la vida. Lejos de eso.

Nacidos de núcleo, del seno de todos los esplendores hemos de cruzar las sombras, para volver luego al imperio de la luz. Nuestra vida presente es una etapa dentro de la vida universal y eterna del espíritu.

Cada mundo tiene sus leyes físicas y morales, a las cuales hemos de sujetarnos, y la tierra es un mundo de expiación y de pruebas. Para pasar de las sombras a la luz, como pasa nuestro satélite el radio de la nube que se le interpone, necesario es luchar; Oh! Sí, establecer una lucha formidable.

Cumplir con los preceptos de la moral austera, en esa lucha tenaz de toda una existencia, es obtener el más glorioso de los triunfos. La templanza, la resignación, y en suma la virtud en sus expléndidas manifastaciones, son los elementos con los cuales hemos de contar para hacernos fuertes y poderosos en la lucha.

Así pues, cuando llegueis a la edad madura y sintais los recuerdos de vuestros gloriosos días juveniles, así como los torcedores del tormento en vuestro corazón, encontrareis con que fortificar vuestro abatido espíritu, y comprendereis entonces mas que hoy, que si bien la felicidad es una sombra inaccesible, el hogar es en donde podremos encontrar, siquiera sea un débil reflejo de esa ventura ambicionada, por los afectos íntimos, siempre generosos, francos y duraderos de la familia; que, como término final de nuestras aspiraciones, constituye el mas hermoso ideal humano.

Por eso, sintiendolo así en las postrimerías de mi vida, no teniendo mas gloria que vuestro afecto, os dedico estas impresiones en las cuales, si bien no encontrareis erudición, vereis estereotipado mi modo de pensar y de sentir; es decir, los razgos característicos de mi modesta personalidad.

También podreis hallar algo que despierte vuestro interés, en las materias siguientes:

En el artículo que consagro a la familia indudablemente vereis con placer el alto concepto que tengo formado del hogar y de los poderosos vínculos de la familia, como fundamento de la sociedad.

En el artículo "Patria" os demostraré que soy cosmopolita, por ser este el ideal mas compatible con la civilización en los presentes tiempos de luz.

En "El universo" podreis llevar a vuestro espíritu la noción de los profundos misterios del infinito, revelados por el telescopio, asi como un caudal de curiosidades científicas que os habrán de agradar en extremo.

Si os deteneis en este punto esencial, vereis que sois habitantes de ese universo sembrado de soles, mas que de plantas la tierra, y que como entidades espirituales estais llamados a recorrer las grandiosas etapas del infinito, esos globos gigantescos de magnetismo, de elctricidad y de luz, que se ciernen sobre nuestras cabezas.

Comprendereis asimismo, en lo que respecta a la tierra, que asi como hay la atracción, la afinidad molecular, la cohesión, como leyes físicas, existen, como ya os he dicho, en el orden moral, leyes aun mas trascendentales, escritas con caracteres indelebles en el libro de los humanos destinos, y de aqui que la resignación a las causas superiores, en cuanto a las adversidades de la vida, sea un b{alsamo en el cúmulo de nuestras aflicciones.

En "Mi fe" vereis que resplandece como causa soberana la suprema idea de un Dios que surge como lógica resultante de las fuerzas de la naturaleza, de los elementos que la constituyen, de sus fenómenos, y de sus múltiples evoluciones. El Dios personal, pues, es un absurdo.

Dios forma el nucleo de las prepotentes fuerzas creadoras que existen desparramadas por el infinito. Vereis que los seis días de la creación es una fábula, y que la creación no ha terminado, ni terminará jamás, mientras existan las fuerzas que rigen los movimientos formidables del cosmos.

En el artículo "La vida" os recomiendo la consideración del siguiente concepto:

Si desde el átomo que representa la nada imperceptible, hasta Dios que representa la grandeza infinita se traza con el pensamiento el círculo máximo de lo absoluto, encontraremos que dentro de la unidad en él contenida, se halla la variedad y la belleza derramada con profución y explendidez en todos los reinos de esta feraz y rica naturaleza, y cuya diversidad no reconoce otro móvil que las fuerzas operantes, y las condiciones en que se han desarrollado desde el génesis de los tiempos.

También vereis explicado, aunque sucintamente, el origen de las especies, según los alcances de la ciencia, y condenada como errónea y absurda la teoría sobre la primera pareja, en el paraíso terrenal, de que nos hablan las mal llamadas Santas escrituras.

También hallareis en la historia del mar curiosidades que habn de despertar vuestro interés y una marcada atención.

En el consagrado a la mujer, observareis que la elevo a las altas esferas de lo ideal, y finalmente en el artículo "El alma", vereis lo que somos en el concierto de la vida universal, y obtendreis nociones evidentes y ciertas acerca de nuestro destino en lo futuro.

Estas y otras materias podrán seros de alguna utilidad en el curso de vuestra vida, y espero pues que mi buena voluntad, y mis insistentes propósitos, no resulten estériles por vuestra parte.

Vuestro padre,
Julio Arizmendi
c. 1914

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