Wednesday, December 29, 2004

El Universo

Esta palabra mágica, por demás sugestiva, que significa el conjunto de todo lo creado, desde la humilde hiervesilla, que vive a expensas de la savia terrestre, hasta el astro prepotente que gravita en los espacios, ha sido, es y será siempre la idea que mas ha preocupado la mente de los sabios, desde las primeras tentativas de la razón humana, encaminadas a explorar los profundos misterios del mundo físico.

Desde los primeros tiempos de la humana existencia hasta nuestros días, mucho se ha escrito acerca de esta materia trascendental, y muchos también han sido los errores de los sabios.

Según opinión de Thales, y de los Estoicos, la tierra vogaba sobre el mar, como un gran bagel. Asi también lo pensaba Homero, Zenon, Soneca el Trágico, Séneca el Filósofo, Estrabon, Jenófanes, Anaximeno, Anaxagoras, Demócrito, Platón, Aristóteles, Empedocles, y otros sabios no menos prominentes, en el vasto arsenal de los conocimientos humanos.

Verdaderamente, si consideramos la universalidad de las cosas creadas, siquiera sea hasta los estrechos límites de nuestro pobre entendimiento, la armonía, la variedad y la belleza que en todo se refleja, y observamos a la vez que esa variedad infinita está subordinada al plan general, por la solidaridad que reina en todos los eslabones de esa inmensa cadena de seres y de cosas, y que constituye el equilibrio universal; así como en el fondo de todo un plan preconcebido, que sujeta a la mas perfecta unidad el conjunto de evoluciones y de fenómenos de la naturaleza; hemos de concluir por la irrebatible fuerza de la lógica, que la doctrina de Aristóteles acerca de las causas finales, está fuera de toda duda.

En tal supuesto, mas lógico me parece hallar a la entidad Dios en las leyes y fuerzas conocidas, en las matemáticas, en la geometría que resplandecen en el maravilloso mecanismo de los cielos, que en el difuso campo de las hipótesis.

Preciso es destruir la historia que se repite dia tras dia en los templos y fuera de los templos acerca del universo y su origen, y este es un punto preferente para mí, toda vez que este libro va encaminado a infiltrar en el espíritu de mis hijos la verdad escrita, la verdad filosófica, algo de luz en todos los órdenes de la existencia física, moral e intelectual.

La creación no ha terminado ni terminará jamás, mientras existan las prepotentes fuerzas creadoras al servicio del poder intelectual que reside en Dios: la afinidad molecular, para constituir los cuerpos, lo existente, lo visible. Si privásemos a la molécula de esa fuerza, quedaría destruida en un segundo la obra del universo, y a los explendores de la luz, sucedería el reino de las sombras, el caos.

La electricidad y el magnetismo fluidos imponderables que penetran los cuerpos, saturan la atmósfera y reconstituyen los seres y los mundos.

La atracción que sostiene en equilibrio dentro de cada sistema los globos que gravitan en la extensión sideral.

La gravitación universal que produce la caida constante del universo en el infinito.

Esos globos gigantescos, esos soles inmensos, ante los cuales la tierra es un grano de arena; esas constelaciones, ese panorama entero de los cielos que, como inmensa catarata caen en los insondables abismos con una velocidad de sesenta millones de leguas por año, ¿Dónde van a parar? Al infinito, siempre al infinito.

La ciencia ha podido calcular mas o menos, la edad de la tierra, basada en los datos geológicos, lo cual resulta mas una hipótesis que una realidad inconclusa; mas la eded del universo será siempre un problema insoluble para los sabios, un misterio que permanecerá encubierto bajo el denso velo de nuestra ignorancia.

Cosas hay a las cuales no puede alcanzar el humano espíritu, porque en la tierra, como en todas las esferas, existen límites infranqueables.

Con respecto a la Tierra, Mr. R. J. Strutt, físico inglés, valiéndose de un método que el considera preciso ha hecho el cálculo mas reciente. Estudiando las propiedades del Elium, ha podido imaginar la cantidad de dicho elemento que han contenido ciertas rocas y minerales desde el dia en que se formaron. Al analizar ciertas muestras de Circon tomadas de las regiones volcánicas de Europa, Africa y América, halló Mr. Strutt que las rocas basálticas de Auverne, pertenecientes al período terciario, tienen solamente 6.270.000 años: que las cimientas de Noruega tienen una edad de mas de 54.000.000 de años, y que el barro azul diamondifero de Kimberley (Africa del Sud) tiene la respetable edad de 320 millones de años. Empero las rocas laurencianas del Canadá, fueron formadas cuando meos hacen 622 mllones de años, de lo cual deduce el físico citado, que la tierra no puede tener menos de 700 millones de años.

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