Monday, December 27, 2004

Impresiones - Capítulo 1 - Mis Ideales

Hay tres cosas en la vida que siempre han preocupado mi espíritu: El Hogar, La Patria, El Universo.

En la primera encuéntrase la familia, creación sublime, único destello de felicidad que existe para el hombre honrado sobre la tierra. Lejos de la familia hallamos la justicia humana desnivelada, el vacío en la sociedad corrompida, minada por los vicios.

Cuando ya desengañados sentimos desaparecer los encantos de la amistad, mustias las flores de nuestras ilusiones, idas para siempre. Cuando de todo no queda mas que la pálida luz del recuerdo eclipsada por la nube de las decepciones, ¿Dónde, pues, podremos encontrar la felicidad que en el seno del hogar, allí donde está constituida la familia por los vínculos de la sangre, que es por lo tanto, cuanto mas puede conmover el corazón humano?

Esta frase mágica, fuente de amor y de santos recuerdos, compendia en si cuanto de grande existe sobre la faz de la tierra. Ell sintetiza los sentimientos de amor, de veneración, de gratitud y de todo cuanto hallamos de noble y grandioso en el fondo de nuestro ser, porque mientras que de puertas afuera, en la sociedad encontramos reinante el doblez, la hipocresía y todo género de falsedades, en la familia solo hallamos esa franca solidaridad de tiernos afectos, la sinceridad, el amor santo y bendito de los esposos, padres, hijos y hermanos, y cuanto puede constituir nuestra ventura, y los encantos de una existencia tranquila y serena.

Siendo la familia el fundamento de la sociedad, reconoce como garantía la consolidación del vínculo entre los esposos. En donde la ley del divorcio existe ampliamente, como por desgracia sucede en Puerto Rico, no es raro ver relajada la moral, y como consecuencia la corrupción de las sanas costumbres, pisoteada la lealtad jurada, y como término de todo, la conversión de la mujer honrada en ramera o prostituta.

En la familia están condensadas las afecciones mas nobles del corazón humano. Concibo el divorcio solamente en virtud de causas imperiosas, y este concepto se funda en que la inmensa mayoría de estos casos obedece mas a la sensualidad que a un motivo razonable y legítimo. ¡Desequilibrados deben andar los legisladores cuando sacrifican el bienestar social a los caprichos del libertinaje!

El individuo inútil a la familia lo será asimismo a l patria. La familia es el compendio de la nación, y los legisladores mas sabios se han esforzado en reproducir en sus códigos las leyes que le hacen prosperar, leyes que se reducen a una sola palabra: Unión. La felicidad, el poder y la gloria de la familia están comprendidas en ella.

¡Desgraciado de aquel que se equivoca o falta en el cumplimiento de los deberes que le impone la familia! ¡Desgradiado de aquel cuya alma es inaccesible a las afecciones que producen sus dulces lazos! Herido del dardo que le ha traspasado, en vano buscará el aislamiento para su felicidad: la suerte ha querido que la familia vaya unida con él en cuanto afecta a su honor, a su fortuna y a su existencia misma; por todas partes le seguirán sus afrentas y sus miserias.

¿Y será acaso esta necesidad de unión la que produce la violencia de los odios que a veces se suscitan entre las personas que la naturaleza destinaba a amarse mutuamente?

En verdad que son inconcebibles los odios en el seno de la familia; esta abominable pasión necesita, sin duda alguna para desarrollarse, llamar en su ayuda a las mas escecrables pasiones humanas: y solo así se concibe que las hordas salvajes, salidas de las extremidades de la tierra muestren menos encarnizamiento entre sí, que los hijos nacidos de un mismo seno.

Y al referirme al hogar, he de considerar ese bello recinto, iluminado eternamente por los resplandores de la mas acrisolada virtud, sin la cual también sería incompatible la felicidad ambicionada.

No somos partidarios del lirismo, de la lisonja, y por lo tanto no es nuestro propósito encumbrar a la mujer sin títulos para ello, y exhibirla gallarda y majestuosa sobre el pedestal de una gloria inmerecida, no.

Mas la que ha sabido educar a sus hijas bajo los principios de la mas austera moral, instruyéndolas en aquellos deberes que la sociedad impone a la mujer, bajo el doble concepto de la esposa y madre; la que ha sabido inspirar a sus hijas la aversión al fausto, al lujo, que es un azote y el fracaso de toda fortuna y de todo bienestar; la que ha tenido por norma la lealtad; la que no ha dilapidado en los establecimientos de joyerías cuantiosas sumas representativas del sacrificio de cuanto a fuerza de grandes trabajos ha adquirido su marido, sino que por el contrario, por medio del orden y la economía contribuye a conservar esos recursos, dándoles luego una acertada aplicación en las necesidades de la familia, esa es la noble matrona a quien rendimos todo el homenaje de nuestro afecto y veneración, y la figura poética que representa el ángel del hogar.

Muchas madres, sin embargo, al tratar de la completa educación de sus hijas, creen que han cumplido su elevada misión de madre, buscándole un maestro de piano y de dibujo, para que luego por sus habilidades artísticas, brillen en los salones, olvidándose en absoluto de que, esa que es hoy una niña, mañana llega a ser esposa y madre, y que necesitaría en el porvenir, por lo tanto, instruirse en los asuntos que se refieren al hogar que es su templo.

Es por lo tanto sensurable, que por constituir desde los primeros años a la mujer en un artículo de lujo en la sociedad, se olviden los deberes principales que afectan a la casa y al esposo. Nadie sabe, ni es capaz de preveer, hasta que punto pueden conducirnos las continuas oscilaciones de la suerte; y si en los aciagos días de nuestras desventuras no contamos con un valioso elemento, cual es la mujer instruida, que siquiera sepa servirnos un caldo en el lecho del dolor, no hay que dudarlo, esa amante compañera aumentará por su incapacidad el cúmulo de nuestras aflicciones, cuando mas necesitamos de su asiduo amor y constante solicitud.

Lejos de mi la idea vulgar y retrógrada que tiende en convertir a la mujer en esclava, por el hecho de querer que sea un elemento útil en las apremiantes necesidades de la existencia. No, mil veces no.

En el ciclo de las aspiraciones humanas, es la mujer el punto luminoso, la estrella polar que ilumina el derrotero incierto de nuestra vacilante nave, y durante el recorrido harto penoso de nuestra existencia, y siendo por lo tanto la identificación del grandioso ideal humano, lejos de relegarla exclusivamente a las prosaicas funciones de lo que se refiere a la vida material, debemos, desde que se inician los primeros destellos de su razón, cultivar su espíritu, inspirándole el amor a lo bello, a la estética de la naturaleza, a la ciencia, manatial de vívidos y eternos resplandores, al arte que elva y ennoblece, que exalta las facultades del espíritu, por ejemple a la música y a la pintura; a la música porque ella es el lenguje del alma, y a la pintura porque ella es la representación de la naturaleza.

Ya en el artículo que consagramos a la mujer, establecemos algunos concepto sobre la cara mitad del género humano; considerada, aunque muy sucintamente bajo su aspecto científico, y de ello se desprende, como consecuencia natural, el importante papel que ha de representar, en las regiones de la ciencia y en las esferas del arte, allá en las evoluciones sociales del porvenir.

La mujer tiene en su poder el corazón del hombre y puede constituirse en árbitra y soberana del mundo. Encaminar su espíritu a las serenas y luminosas regiones del arte que engrandece e instruirla a la vez en la magestad de la ciencia que eleva, he ahí lo que debe hacer una madre que está compenetrada de sus importantes deberes en la vida social.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home