Friday, January 14, 2005

El alma

En el campo inmenso del pensamiento humano, jamás ha sido materia alguna objeto de tantas controversias como la que expresa el presente epígrafe.

Filósofos y sabios de todos los tiempos se han consagrado con ahinco, y de ello han surgido diferentes escuelas, sin que se hubiese, no obstante, descorrido lo suficiente el velo del misterio, hasta que surgieron a mediados del presente siglo las teorías del eminente Allan Kardec.

Estas teorías han tenido la mas alta resonancia en todas las regiones del globo, y los hombres mas competentes se han inclinado ante el soberano poder de la verdad revelada. El Instituto Internacional de Ciencias de París, se ha ocupado de este asunto, así como otras corporaciones científicas, y las teorías de que hacemos mención han resultado justificadas en los puntos mas esenciales, sometidos al rigor de la sana crítica.

Constituyen el cuerpo humano tres elementos.
El cuerpo, compuesto de materia animada por el principio vital; el alma, entidad espiritual; y el perispíritu, o sease la sustancia fluídica, que envuelve al espíritu.

Entre el alma y el cuerpo no existe unión definitiva, propiamente dicho, antes del nacimiento. El principio vital, difundido por la naturaleza, es el que anima los cuerpos, y cada organismo absorve la parte que le es necesaria para la vida. Desorganizado el cuerpo; este fluido vuelve a su origen. El alma, empero, conserva su individualidad. El cuerpo se desintegra, en átomos que van a constituir nuevos organismos. El alma no permanece encerrada en el cuerpo; es como un fluido, como un foco de luz que irradia en todo el organismo. Su sitio predilecto es el cerebro, tratándose de las labores del pensamiento; mas cuando se trata de lo sensible, es el corazón.

Mucho se ha indagado sobre la existencia del alma; mas siempre fue una labor estéril. Hasta allí no alcanza la eficacia del escalpelo, y de aquí la insistente negativa de ciertos sabios, que todo lo reducen al organismo. Si no teneis instrumentos apropiados, Señores Sabios, ¿Cómo quereis encontrar el alma? Antes de la invención del microscopio, ¿Cómo podriais haberos formado un concepto aproximado de los brillantes misterios y fenómenos de la vida? Si no tuvieseis el telescopio, ¿Cómo podriais explorar el firmamento?

El materialismo es el absurdo mayor que ha podido presentársenos en el cuadro de las especulaciones científicas. Bajo el punto de vista moral, grandes serían las consecuencias que se derivarían de todos sus errores, porque entonces carecería de objeto el bien, el egoísmo sería la ley suprema y los vínculos de afecto en la familia y en la sociedad resultarían quebrantados de tal suerte, que todo vendría a determinar el mayor desconcierto en la vida social.

¿Qué sería para el espíritu humano, cuyas alas se mueven a impulsos de la esperanza del mas allá, la aterradora idea de la nada? ¡Ah! No habría lugar para la esperanza, ni ley moral para la conciencia, ni luz para las tendencias del corazón, ni bondad en la naturaleza, ni justicia en el orden universal, ni consuelo para el afligido. La población pensadora del globo terrestre, no tendría ante sí ningún fin, ninguna ley moral ni intelectual.

El alma se convierte en espíritu después de la muerte. Ella permanece en el gran todo espiritual, o sease, en el mundo de los espíritus, hasta que vuelve a reencarnarse, conservando siempre esa individualidad, que le es característica. Los átomos también van al gran todo del mundo fúsico, van, vienen, recorren los cuerpos todos de los tres reinos, y tampoco puerden su individualidad. Todo en el universo es libre dentro del vínculo de la solidaridad universal.

Casi me voy acercando al panteísmo; mas hoy esta idea no me aterra ni me confunde. Libre es la imperceptible molécula al través de los cuerpos, y fuera de los organismos; libres las fuerzas siderales que imprimen sus energías a la inerte materia, y libre el Dios que rige las evoluciones del universo físico y moral. De la pequeñez infinita surge la infinita grandeza; y el universo, que no es otra cosa desde su origen, que un compuesto de átomos, confirma esta aseveración.

El alma de los animales, sobrevive al cuerpo, pero es de inferioridad incomparable.

"Los animales tienen inteligencia e instinto. Por la inteligencia piensan,
comprenden, reflexionan, conservan la memoria, aman, odian, y guardan perfecta
armonía con la especie humana. Por el instinto, que es innato, obran a merced de
un impulso desconocido, no estudiado, no aprendido e inconsciente."

Todo esto se acentúa mas según los progresos de cada especie en la escala zoológica.

Los materialistas contradicen las precedentes afirmaciones. Brougbais, Cabanis, Locke y Condillac opinan que en hombre no existe mas que un mecanismo, una reunión de órganos que ejecutan sus funciones. Que la inteligencia y la sensibilidad son funciones del aparato nervioso, y como los demás fenómenos materiales, y por último, que la existencia del alma, no es mas que una hipótesis. Cabanis y Destutt de Tracy emiten las mismas opiniones. Flammarion las combate victoriosamente.

En verdad, la conciencia universal está de nuestra parte. La humanidad entera desde su origen, los hombres de todos los tiempos, han creido en la existencia del alma, han tenido la certidumbre de su personalidad moral, puesto que se han sentido vivir y pensar. A este respecto dice Flammarion;

"¿No tenemos en el fondo de nuestra conciencia la certeza de nuestra unidad? ¿Se
percibe nuestro pensamiento como un mecanismo compuesto de muchas piezas, o como
un ser simple? Todos los hechos de la actividad de nuestra alma, testifican en
favor de esta unidad personal, porque en su variedad y en su multiplicidad,
están unos y otros agrupados, al rededor de una percepción íntima, única, de un
juicio único, de una generalización única. Sentimos nosotros mismos esta unidad
de nuestra persona, sin la cual nuestros pensamientos, asi como nuestras
acciones, no se unirían por ningún lazo; sin la cual nuestras determinaciones no
tendrían valor alguno."

Los materialistas afirman que el pensamiento es la secreción de la sustancia cerebral. A esto objeta Flammarion;

"La sustancia constitutiva del cerebro, no permanece dos semanas seguidas,
idéntica a si misma. El cerebro cambia completamente en un tiempo mas o menos largo, y no solamente el cerebro, sino todo el cuerpo organizado, no es mas que una sucesión, una mutabilidad perpetua de moléculas. Por el contrario, nuestra personalidad pensante, permanece siempre la misma.

Esto por sí solo demuestra que el alma es distinta e independiente de la materia; que es una personalidad que se afirma por sí misma, como una fuerza individual.

El carácter dinámico del alma, es fácil de reconocer, en todas las manifestaciones del alma misma. Si consideramos los talentos cultivados, observamos en ellos una necesidad insaciable de conocer. Aquí la fuerza virtual del alma se traduce en obras elocuentes.

Si descendemos a las clases inferiores de la sociedad, a esas zonas de penumbras, en donde la antorcha de la instrucción no alumbra todavía, vemos, no ya en el ejercicio, sino en la tendencia de la pasión un mundo de actividad psicológica universal. A la tendencia apasionada de los individuos, se agrega también la energía de una pasión dominante, y a esta pasión, la voluntad que la combate o la dirige. La facultad de vencer o dirigir, sus pasiones, es pues también una forma dinámica de la esencia de nuestra alma.

Si por último descendemos de nuestras facultades particulares a los hábitos que éstas forman y mantienen en nosotros, llegamos a reconocer que todos nuestros actos, desde la obra creadora del pensamiento hasta el movimiento mas sencillo de nuestros miembros, denotan la fuerza íntima que nos gobierna, y que se traduce en acción material por intermediación de los centros nerviosos, de los nervios y de los músculos."

Sabemos que la fuente de todo movimiento corporal reside en el espíritu. Ninguno se atrevería a negar que mi brazo o mi pierna se mueven tan solo al mandato de mi voluntad, lo mismo que la locomotora, bajo la acción del vapor, dirigida por el mecánico. Mi cuerpo, reducido a sí solo es inerte. Descartes y Locke estaban en esto de acuerdo con Leibnitz. El pensamiento es la acción del alma. ¿Se necesita mas para sostener que el alma es una fuerza? El mismo Cabanis casi lo confiesa cuando dice:

"Para formarse una idea exacta de las operaciones de que resulta el
pensamiento, es menester considerar el cerebro como un órgano particular,
destinado especialmente a producirlo; lo mismo que el estómago y los intestinos
a obrar la digestión, el hígado a filtrar la bilis, las parótidas y las glándulas maxilares y sublinguales a preparar los jugos salivales.

Al llegar la cerebro las impresiones, le hacen entrar en actividad; su función propia es percibir cada impresión particularfijarle signos, combinar las diversas impresiones, compararlas entre sí, sacar de ellas juicios y determinaciones, como la función del estómago es obrar sobre las sustancias nutritivas, cuya presencia le estimula, disolverlas, y asimilar los jugos a nuestra naturaleza."

Las energías y la perseverancia de estos hombres, que forman por su genio la aureola luminosa de la humanidad, y que por sus propios esfuerzos se han sabido elevar desde su humilde origen a las mas altas esferas, bastan solo para justificar que aparte de las combinaciones físicas y químicas que se operan en nuestra constitución orgánica; que aparte del oxígeno, el carbónico, el fósforo, el hidrógeno y demás elementos materiales, existe una entidad espiritual, dueña y señora del pensamiento soberano.

El alma, como ya hemos dicho, está revestida por su perispíritu que toma en la atmósfera de su planeta, y presenta la apariencia de su último estado. Este cuerpo fluidico acompaña al espíritu después de la muerte, y es el medio que tiene de manifestarse a la humanidad, con el poder de hacerse visible y tangible, según las circunstancias favorables del medium.

El alma experimenta infinitas transformaciones en sus reencarnaciones sucesivas, que son el medio de su progreso espiritual, en la escala de las existencias. La obra del pensamiento cuyos fenómenos pertenecen a la metafísica, se halla esculpida con caracteres indelebles, formando surcos profundos en la masa encefálica, región la mas importante de la máquina humana.

Y no tan solo hemos de referirnos al mecanismo del cuerpo humano, último anillo de la animalidad, sino también a ciertas especies inferiores. Las circunvolusiones cerebrales son de capital importancia para justificar los trabajos del espíritu sobre la materia.

La antropología, la frenología y la psicología nos conducen a esclarecer estos arduos problemas, por medio de estos verdaderos signos taquigráficos que revelan nuestras fuerzas mentales, nuestra condición moral, y que acaso podrá el hombre algún día, penetrando mas en el fondo de estos enigmas, explicarlos con la claridad de la luz, convirtiendo en hechos reales y concretos los que ne el estado actual de nuestros conocimientos pertenecen a la categoría de las hipótesis.

Dice un sabio (Gratiolet, Anales de las ciencias naturales):

"Parece que el pensamiento está en razón del número y de la irregularidad de
las circunvoluciones. El hombre, el orangután y el chimpancé tienen circunvoluciones en el lóbulo medio; en las demás especies de monos y en el resto de los animales, este lóbulo es absolutamente liso. La figura de estos surcos, de los que describen meandros, irregularidades en los otros lóbulos, es tanto mas irregular, cuanto mas caracterizado está el pensamiento. Los animales que viven en sociedad como la foca, los elefantes, los caballos, los rengíferos, los carneros, los bueyes, los delfines, presentan un dibujo menos regular que los demás.

Lo que, bajo este punto de vista distingue particularmente al cerebro humano del de los (animales) monos, es que, entre las circunvoluciones que se dirigen desde el lóbulo occipital, al lóbulo temporal, hay dos que existen en el hombre y no en el mono, y es uno de los mayores contrastes que separan ambos cerebros.

Según Wagner, la superioridad de la inteligencia está en razón de las anfractuosidades del cerebro, la profundidad de los surcos, sus ramoficaciones e irregularidades.

Parece indudable, según el mismo naturalista, que el alma del niño se desarrolla en relación con el desarrollo de la sustancia cerebral."

Los animales acéfalos ocupan el último lugar en la escala zoológica.

Si de las precedentes consideraciones que pertenecen a lo intelectual, pasamos a ciertos hechos de la vida moral, quedaremos aun mas satisfechos de nuestras afirmaciones.

"¿Cuantas almas sufren en el misterio, no atreviéndose a confesar a nadie su dolor, doblegando su voluntad bajo la injusticia, víctimas de la suerte y de esa fatalidad impenetrable que pesa sobre tantos seres buenos y justos? ¿Cuantos grandes corazones laten silenciosamente con esas palpitaciones que serían capaces de inflamar la palabra y levantar todo un mundo, si envez de desvanecerse en la sombra, se hiciesen escuchar al sol de la fama? ¿Cuantos genios ignorados duermen en el aislamiento infecundo? ¿Cuantas obras sublimes son ejecutadas por manos desconocidas? ¿Cuantas almas santas y puras se consagran sin reserva a una vida entera de abnegación, de caridad y de amor? Y ¿Cuantas no reciben otra recompensa de la virtud mas probada, de los sacrificios mas perseverantes, de la mas humilde paciencia, y de la solicitud mas tierna que la dureza o la ingratitud de las personas queridas?"


Terminamos este trabajo manifestando que nuestras afirmaciones acerca de la existencia del alma, no proceden de las teorías propagadas desde el principio de los tiempos por sabios y filósofos.

La evidencia, el hecho práctico, o sease los fenómenos de materialización de los espíritus, realizados profusamente en los diversos centros de la esplendorosa América y de la culta Europa, y propagados en obras importantes por todas las regiones del globo; la obra de índole eminentemente científica conocida bajo el tpitulo de "Nuestras fuerzas mentales", que ha impartido tanta luz en las esferas del pensamiento, confirman nuestros juicios de un modo indubitable.

Mas los que lleven sus dudas a la exageración o permanezcan reacios por espíritu de sistema, si desean penetrarse de esta verdad, por tanto tiempo envuelta en el misterio de conjeturas contradictorias, le aconsejamos la lectura de "Frenología" por Gall, en primer término; la de Spurzheim, y sus discípulos Combe y Elliotson en Inglaterra; Fossati y Vimont en Francia, y Caldrell y Porrell en los Estados Unidos, cuyas obras explican en todos sus detalles las facultades mentales del ser humano, así como sus funciones aflectivas; nos explican las causas de esa guerra sin tregua que dentro de nosotros mismos sostiene el soberano imperio de la razón, contra los groseros impulsos del instinto, para ascender por la eterna via del progreso espiritual, y nos revelan por último que el cerebro es el instrumento por el cual se manifiesta al mundo el elemento espiritual, el soplo divino, el alma, cuya unión al cuerpo, cuyas evoluciones infinitas, representan el misterio mas grnadioso de la naturaleza.

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