Sunday, January 23, 2005

La Biblioteca de Yauco

Don Juan Roig y Fabre, fue Alcalde de Yauco durante los años de [1906] al de [1910] y una de las notas que mas se destacan en el período de su gobierno, y que le honran en la memoria de sus conciudadanos, es la creación de la biblioteca pública de Yauco. En las actas municipales podrán verse las gestiones practicadas por este funcionario, así como las ordenanzas y acuerdos adoptados por el Consejo. En el año de [...], levantóse el soberbio edificio donde se haya instalado este brillante símbolo de nuestra cultura, y ante todo, cumple a nuestro deber de ciudadano, rendir, del modo mas elocuente, el homenaje de nuestra admiración, hacia los valiosos elementos que han concurrido con sus nobles y levantadas iniciativas a fundar y a consolidar en este bello edificio, obra tan hermosa como trascendental. Don Manuel G. Nin, Superintendente General de Escuelas, Don Pelegrín López de Victoria, escritor público, y Don Francisco Catalá, mientras funcionó como Alcalde [1910-1914], dejaran, por lo tanto, inscritos sus nombres con eternos caracteres en la historia de nuestro progreso local. Una biblioteca representa el paso mas avanzado que puede dar un pueblo, en la via del progreso. Una biblioteca es luz, es regeneración, es libertad, es ciencia. En la noche tenebrosa de las pasadas edades, no conocíase el libro, y la humanidad vagaba en el mar procelosos de la vida, perdida y sin rumbo, por la falta de ese faro de clara y penetrante luz, que mas tarde había de marcarle sus orientaciones, levantar el velo de los profundos misterios, que atraen al espíritu como el imán, e iluminar los derroteros de la humana conciencia. Propagar la ciencia, difundir lo que se sabe, es ejercer el magisterio, en su significación mas amplia, es elevarse al cumplimiento de la misión mas alta de la vida humana.

Difundir la luz ha sido la gran obra, humanitaria y civilizadora en todos los tiempos. El hombre que egoísta en el terreno de las ideas se encierra en el mutismo, aquel que nada ha hecho, que no ha dejado escritas sus impresiones, siquiera sea, en una modesta página, dejando de este modo marcada la estela de su paso por la vida, aquel que no ha prestado su concurso en ningún sentido para el bien común, es una rueda inútil en el mecanismo social. Difundir la luz es levantar la conciencia humana. Por eso el libro, vehículo del pensamiento, es y será siempre el elemento principal de toda evolución. Celebridades de todas la épocas se han consagrado a tarea tan meritoria, considerándola como fin supremo de la humana existencia, y en los presentes tiempos de grandes avances, el eminente Astrónomo Camilo Flammarión, ha propagado multitud de conocimientos astronómicos por todas las regiones del globo. "El fin del mundo", novela por demás ingeniosa, sembrada profusamente de puntos científicos, relativos a la física de la vida terrestre, y sus relaciones con el mecanismo del mundo sideral, en la que campean predicciones gloriosas acerca de nuestro progreso espiritual, y la posibilidad en el futuro de nuestra comunicación con el planeta Marte, por medio del teléfono, es un monumento que corrobora elocuentemente estas afirmaciones. "Contemplaciones científicas" del mismo sabio, que nos inicia en secretos y maravillas jamás soñadas por la mente humana; "Narraciones del Infinito", "Historia de un alma", "Historia de un cometa", "Las Tierras del cielo", "Dios en la naturaleza" contra el materialismo científico, y otras mas que no nos es dado precisar, son también obras monumentales de propaganda en el vasto campo de los conocimientos humanos. "La Revolución Francesa" por LaMartine es una obra que despierta a la luz de la libertad, las conciencias adormecidas de los pueblos. "Los Miserables" de Víctor Hugo es obra que levanta sobre el nivel común el faro radiante de la justicia humana y nos enseña a pensar y a sentir.

Las teorías de Allan Kardec, o séase la filosofía espiritista sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida futura, y el porvenir de la humanidad, compendia uan filosofía profunda, de revelaciones grandiosas, inaccesibles a las exploraciones del sabio y postergadas únicamente por la ignorancia, o por el espíritu de sistema. A merced, pues, de estas propagandas, nobles y generosas, puesto que no llevan un fin especulativo, vemos con orgullo nuestros avances, puesto que, hasta en los humildes albergues de las zonas montañosas, han infiltrado los conocimientos, se ha vulgarizado la ciencia, y se sabe como se verifica tal o cual fenómeno, el funcionamiento de la vida vegetal y animal en sus múltiples evoluciones; lo que es una nebulosa, un planeta, un cometa (al cual se le ha perdido el miedo), un sol, una constelación, un asteroide o, (supuestas piedras del cielo, según hipótesis) y otras cosas mas, cuya enumeración sería interminable.

Para el pobre joven, bueno por naturaleza, de felices aptitudes para todo, pero que no ha podido tener la feliz oportunidad de asistir, como alumno a un establecimiento docente, para nutrir su cerebro de conocimientos sólidos y útiles, el libro le da la noción de todas las ciencias:
De la física que trata de la naturaleza en general, y propiedades de los pueblos;
De la química que se refiere a la composición de esos mismos cuerpos;
De la botánica que trata de las plantas, o séase de las primeras condiciones de la vida;
De la panteología que explica los seres de la edad prehistórica;
De la jurisprudencia que trata del derecho humano;
De la antropología que se refiere al hombre;
De la medicina que trata de las enfermedades;
De la astronomía que se refiere al universo;
De las matemáticas que trata de los números;
De la política que se refiere al gobierno de los pueblos;
De la numismática, al conocimiento de las monedas;
De la historia natural, al de la naturaleza;
De la literatura, al conocimiento de las letras;
De la filosofía como ciencia de la esencia, causas y efectos de cuanto existe;
De la tecnología que trata de las artes en general;
De la geología como ciencia de la naturaleza y generación de las diferentes regiones del globo;
La agricultura, que se refiere al cultivo de la tierra;
La arquitectura, a las construcciones;
La mineralogía, a los minerales;
La patología, a las enfermedades;
La fisiología, a las funciones de la vida;
La cosmografía que se refiere al mundo;
La mecánica que trata de las fuerzas y sus leyes y
La metafísica como ciencia por excelencia, puesto que trata de los primeros principios de todo conocimiento.
Esto es, por supuesto, aparte de los demás ramos del saber humano, que nos inician en los grandes resortes de la vida y en los misterios de la naturaleza. A merced de la propaganda científica se han restado fuerzas al oscurantismo avasallador, que quemaba en sus hogueras inquisitoriales los mas ricos volúmenes, cortando el vuelo de la humana inteligencia, y se han descubierto espléndidos y radiantes los horizontes de la verdad. Se ha obtenido la noción cierta y evidente de que este mismo barro que pisamos, como ya en otro lugar hemos dicho, está animado por la fuerza de la vida, y que el globo en que se agita nuestra delegnable existencia corporal, es un dinamismo viviente.

Se sabe asi mismo que somos una pila galvánica, que estamos saturados de vida, en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestros ojos, en nuestras lágrimas, en nuestras venas, en el fondo de todo nuestro ser, en nuestras entrañas, que participan de nuestras penas y de nuestras gratas emociones; pero que esto no es en manera alguna el resultado de nuestra composición orgánica, sino el concurso de nuestra entidad espiritual, sobre la cual faltaba una solución definitiva en el campo de las investigaciones científicas, que nos ha dado la revelación, y que ha quedado plenamente confirmada por los trabajos del Instituto Internacional de París, y de otras asociaciones científicas, compuestas de las figuras mas prominentes del mundo de la ciencia.

Sabemos asi mismo que la vida es un misterio, y que cada una de sus fases es un punto de interrogación abierto, al cual el mayor de los sabios no sabe responder; que el tiempo, esa corriente misteriosa que agota nuestra existencia, que destruye la planta y la flor, muros, árboles seculares, mundos y soles, es una sombra, comparado con la eternidad que nos envuelve, y que la gota de agua suspendida, que pugna por ceder a la atracción del centro común de gravedad, es la morada de millones de seres, que piensan y sienten como pensamos y sentimos los que estamos en las altas esferas de la vida; y si es una verdad que esta existencia pasa con la velocidad de la luz, comparada con la duración de nuestro mundo, no es menos cierto por ventura, que sometida nuestra duración a la ley del número y comparada con la eternidad, ¡no existimos! Somos menos que un punto en el infinito, y por consiguiente, menos aun que la trémula gota de agua.
El mundo está saturado de inteligencia aun mas que de electricidad y de luz. La luz es un efecto, un fluido; la inteligencia es un poder en la naturaleza.

La inteligencia es la causa suprema que envuelve, no ya la creación viviente, sino lo infinito y lo inexplorado. La inteligencia no está por ventura circunscrita al cerebro humano, es un poder, una fuerza universal. Así pues, la vemos en las tenebrosidades del caos, propagando la luz, creando nebulosas y mundos; en la vegetación dirigiendo las incesantes actividades del instinto.

La vemos organizando y destruyendo, tal es la ley fatal de la vida, y dotando a cada molécula del mundo orgánico del poder de asociarse, por la fuerza molecular, para responder asi al principio de solidaridad, que es la ley fundamental de lo existente.

Por el libro llevamos el pan intelectual a nuestro cerebro, y aportamos el principal combustible a la lámpara de la vida.
Cuando el hombre se llegue a penetrar, de que nada hay mas sólido que el saber; y que este es el que le da su imperio y su grandeza en la tierra, comprenderá que el libro es el medio por el cual ha de alcanzar su regeneración.

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