Tuesday, January 25, 2005

La libertad humana

La libertad humana, tan negada por los que han enarbolado la bandera del materialismo, siempre ha triunfado sobre sus gratuitos enemigos. Pero, según el sistem a que adoptais, haceis bien, señores materialistas; debeis negar la libertad, negar a Dios, negar al alma, y a sus nobles atributos, negar la moral, y negar en fin, todo lo grande, todo lo bello que caracteriza la naturaleza humana: de otro modo no seriais consecuente con vuestros principios.

Para vosotros (y hablais en nombre de la ciencia), no es mas el hombre que materia organizada, y cometeríais una inconsecuencia científica, atribuyendo libertad a esa materia. Está bien, según vuestras teorías, pero para nosotros que creemos en la existencia del alma como el ser esencialmente activo e inteligente, que participamos de esa creencia universal, innata, de la que han participado tantos genios que, como Víctor Hugo han levantado en su vida monumentos imperecederos, que han pasado a la posteridad, inmortalizando su memoria, aceptamos a Dios, aceptamos la moral y aceptamos la libertad.

No se nos oculta que por las leyes que rigen la materia, distintas de las que rigen al mundo de las inteligencias, aquella sufre sus accidentes y modificaciones, verifícanse las relaciones de los cuerpos entre sí, y se operan todos los fenómenos materiales: la misma ley que determina los movimientos constantes de los átomos, determina los movimientos de las esferas planetarias en sus órbitas: la misma causa que produce el estampido del trueno aterrador, produce la nota cadenciosa de la música que nos alaga: la centella desprendida de la nube hiende la atmósfera y destruye los cuerpos; la piedra desciende con tanta mas violencia cuanto que está mas elevada; los planetas verifican sus movimientos de rotación y revolución, con marcada regularidad; el cometa surca los espacios, invadiendo los dominios solares, para extraer de esos focos de luz los principios vitales que depone en los mundos terrestres, yéndose luego a perder en las vastas regiones siderales, volviendo a su apogeo atraido tal vez por otro sol mas potente que todos aquellos que ha visitado a su paso.

La ley del número rige al universo físico. y no hay menos armonía matemática en el conjunto de sus evoluciones, que la que resulta del sublime concierto del mundo moral que nos atrae con sus indescriptibles encantos. El grano produce la planta, como el germen se desarrolla en el claustro materno, a merced de los elementos orgánicos.

Combinaciones físicas y químicas aportan los elementos, y la eterna ley de la vida los utiliza para producir las diferentes funciones en los mundos y en los organismos; pero a estas leyes destinadas exclusivamente a ejercer su imperio en la materia, no está sujeto el espíritu humano: este es libre por naturaleza, y por lo tanto su voluntad no va encaminada ciegamente como la piedra, ni impelida violentamente como el aerolito desde las altas regiones atmosféricas; la voluntad piensa, medita, reflexiona, y despues ejecuta.

De aquí el adagio: "Querer es poder". Tenemos el derecho natural de elección, y así como no aceptamos nada que se nos quiera imponer para cualquiera de los fines de la vida, tampoco aceptamos lo que nuestra conciencia reprueba: somo árbitros de escoger entre el bien y el mal, a diferencia dee la hoja que, desprendida del árbol vaga arrastrada por los vientos, ni como la nave perdida en el seno de los mares azotada por las olas; nosotros podemos seguir el derrotero que nos trace la voluntad, ya luchando contra el torrente, o cediendo a sus impulsos.

Y de no ser así, ¿Para qué las leyes y los gobiernos, y todas las instituciones sociales basadas en la noción del libre albedrío? Sin ello no seríamos responsables de nuestros actos, y serían las leyes ficticias, así como la educación de los pueblos. Suprimid la libertad que nos eleva a las mas altas esferas, y vereis al fatalismo, con su séquito terrible y sombrío, surgir con sus astros tenebrosos de la ignorancia y la maldad.

Es muy bueno y consolador para el malvado creerse irresponsable, y que todo lo que hace en su vida de disipación y de crímenes, obedece a las fuerzas impulsoras de la naturaleza. ¡Oh! Sí, esa es una teoría muy cómoda para el criminal y para aquel que trata de eludir las responsabilidades de su vida moral, a falta de la justificación de su conducta; mas no para el hombre honrado, para el hombre reflexico que siente dentro de si esa entidad espiritual que llamamos alma, móvil de todos nuestros hechos, y consciente de sus actos.

Pretender que el hombre no tenga libre albedrío, es intentar despojarlo del atributo que caracteriza su grandeza, y por el cual se distingue de los irracionales; y tan es así, que cuanto mas sabe el hombre dominar los impulsos de sus instintos materiales, tanto mas se aleja de la animalidad y avanza hacia la perfección. Por el instinto somos esclavos, por la inteligencia, eminentemente libres. Acudo al testimonio de la conciencia humana: Cuando se comete el mal, ¿La propia conciencia no se revela contra el hecho criminal, y no nos hace cargos secretos, atribuyéndonos toda la responsabilidad?

Vosotros los que habeis sentido en las alboradas de vuestra vida las afecciones mas gratas; los que habeis sentido latir vuestro corazón a impulsos de un sentimiento sublime de amor; los que habeis sido acariciados por un ser ideal; los que le habeis entrevisto en vuestros sueños de ventura, escalando con la imaginación ardiente el cielo de vuestras ilusiones; los que habeis girado vuestra contemplación a las elevadas regiones del arte y de la poesía; los que habeis tenido una madre amorosa que desde la infancia con sus arrullos y en la edad viril con sus consejos, siempre os ha dado pruebas de su amor y su ternura... Si os habeis sentido con aspiraciones mas grandes, superiores a todo lo que veis en la tierra...

"Si en fin, habeis vivido de la vida del alma, de esa vida mezclada de éxtasis y sufrimientos, de esa vida, además sensible y dominadora que se deja turbar por las penas del corazón, y que no obstante sabe tambien hollar las preocupaciones vulgares, y dominar gloriosamente las pequeñeces mateirales." ¿No habeis comprendido que todo ello, asi como el sentimiento de amor, de gratitud, de valor, de dignidad, de honra, son atributos propios del espíritu que revisten al hombre de un carácter que nada tiene en común con la materia?

El gran poder del genio, ese poder creador, que nos ha dado caminos de hierro, telégrafos y todas las demás invenciones grandiosas; ¿No son conquistas del espíritu, productos de su libre voluntad investigadora?

La perseverancia de ciertos hombres en sus afanes, de lo cual es ejemplo edificante el genio de Bernardo de Palissy, quien después de diez y seis años de trabajo pudo alcanzar la mas gloriosa de las victorias, arrancando a la naturaleza uno de sus mas preciados secretos, es un argumento que deja fuera de toda duda la independencia de la voluntad humana. Oigamos lo que dice a este respecto Camilo Flammarión:

"Ante este ejemplo elocuente de valor y de perseverancia, no del valor excitado,
por una animación del sistema nervioso, por la cólera o por el temor del
peligro, por el olor de la pólvora, o por la música militar, porque en estos
casos expontáneos, nuestros adversarios podrían invocar la sensación, sino de
una energía que se sostuvo durante diez y seis años, sin debilitaros por los
reveses, sino de una voluntad que superó todos los obstáculos, y dominó la
materia como había dominado el mismo cuerpo de Palissy y todos los afectos de la
sangre; ante estos ejemplos, decimos, ante todas las glorias de nuestra familia
pensadora, ante los héroes del pensamiento, ante todas esas antorchas que se
consumieron brillando en la cabeza de las generaciones, ante las palpitaciones
del corazón de la humanidad, y ante los elevados testimonios de su conciencia,
¿Con qué cara se viene a acusar a la voluntad de ser una ilusión, y a la fuerza
moral de ser una esclava? ¿Con qué derecho se atreven a negar la energía
independiente y el carácter dominador de estas almas bien templadas? ¿Bajo qué
pretexto se reduce el poder de estos grandes corazones a las condiciones
filiológicas del ser corporal o al impulso de las circunstancias? ¿Y como se
impele la fantasía hasta sentar como principio que nuestras resoluciones varian
con el barómetro? ¿Se objetará que el ilustre alfarero que nos ha servido de
ejemplo, es un loco, y una excepción en la historia de la humanidad? Semejante
objeción no probaría mas que una absoluta ignorancia y falta de toda especie de
observación. "


Hay nombres mas ilustres, por otros títulos, que el de Palissy, en los cuales admiramos la misma perseverancia, la misma obstinación. Buffon ha escrito que el genio es la paciencia. ¿Hablaremos de Kepler, buscando durante diez y siete años las tres leyes inmortales que llevarán su nombre a la posteridad, y que rigen el sistema del mundo, lo mismo en las profundidades lejanas de los cielos, en donde se mecen las estrellas dobles, que en el movimiento de la luna alrededor de la Tierra? ¿Hablaremos de Newton, respondiendo modestamente al que le preguntaba como había encontrado la atracción: "Pensando siempre en ella."? ¿Presentaremos todos esos sabios ilustres sostenidos solamente por el espíritu en los combates de la materia?

Recordaremos la actividad de los artistas, saludados con los nombres de Miguel Angel, el Ticiano, Murillo, Claudio Lorrain, Jacobo Callot, Benvenuto Cellini y otros. Deberiamos hacer comparecer a los que sucumbieron gloriosamente, como Jordano Bruno, que prefirió la muerte a una retractación, y se dejó quemar vivo por sus doctrinas astronómicas y religiosas; a Campanella, que sufrió siete veces el tormento, siete veces derramó su sangre y sucumbió corporalmente bajo el dolor, y siete veces volvió a comenzar sus amargas sátiras contra los inquisidores; a Juana de Arco que salvó a la Francia; a Sócrates que salvó la filosofía y prefirió la muerte a una simple retractación; a Cristobal Colón, encarcelado, muriendo miserable y de pesar; a todos los mártires de la ciencia, a todos los mártires del progreso, y a todos los antiguos mártires de la religión que sucumbieron en el circo romano entre los dientes de los leones y de los tigres, rogando a Dios por sus hermanos. A cualquier creencia que pertenezcan estas víctimas, tienen derecho a nuestro profundo respeto, y a nuestros inmortales homenajes.

Ellas nos muestran que el hombre no es solamente una masa de materia organizada, y que la energía, la perseverancia, el valor, la virtud y la fé, no son propiedades de la composición química del cerebro. Ellas proclaman desde el fondo de su tumba que los pretendidos sabios que osan identificar el hombre a la materia inerte, no comprenden el valor del hombre, y yacen en la ignorancia mas tenebrosa respecto de las verdades que forman a la vez la gloria y la dicha de las inteligencias.

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