Friday, January 21, 2005

La mujer

¡Mujer! ¡Pincelada sublime de la naturaleza! ¡Quién será el que no sienta la mas tierna expansión al pronunciar tan dulce nombre, y a quién no sugiere los santos y gratos recuerdos de su madre, el nombre de mujer!

Ella es la que con la mayor ternura y solicitud acoje el primer ¡Ay! de nuestros labios, el primer gemido de nuestro corazón. Y desde este primer instante hasta el último de esta mísera existencia, es ella la amiga bienhechora que vigila nuestros pasos, que nos asiste en nuestras enfermedades, que vela incesantemente por nuestra vida, cuidando a la vez, por es noble instinto maternal, de nuestra conservación.

¡Ah! ¡Cómo se llena de gozo nuestro corazón al pronunciar el mágico nombre de madre!

¡Cuan feliz es el que la vé aun respirar a su lado el ambiente de la vida, cuan desgraciado el que se vé separado de ese amantísimo ser por la barrera insuperable de la muerte! Ella, y solo ella, es la que jamás ha podido engañarnos, en sus elocuentes manifestaciones de cariño, porque en su corazón y en su espíritu irradia el destello divino: es ella la rosa sin espinas, la fuente inagotable del amor, el astro esplendente de la fé.

¿Quién que tiene conciencia de lo que significa una madre, no venera el nombre de mujer? Depositaria, y a la vez, origen de nuestra fé rudimentaria, es ella la que nos ilumina el tortuoso sendero de la vida, la que sufre en nuestra desgracia, la que se goza en nuestro bien, viniendo, luego a bañar con amargas lágrimas la loza que guarda nuestras cenizas.

¡Oh! ¡Madre!, yo te amo y te venero con toda mi alma, porque a tí te debo mi existencia: los primeros consejos que oí de tus labios, están grabados en mi mente, y ellos han de ser en lo porvenir la norma de mi conducta, en el curso de esta desleznable y triste existencia. Sin ellos viviría sin fé, y peregrinaría en el mundo, acaso, azotado por las contrariedades del azar, o por los vientos del infortunio. ¡Cuánto te debo, oh Madre! ¿Con qué podría pagarte? ¿Qué bienes atesora la tierra que pudiera ofrecerte en testimonio de mi gratitud?

Mirado bajo este aspecto, ¡Qué papel importante, que misión tan elevada, tan noble y tan sublime desempeña la mujer en la sociedad! ¡Qué cuadro podrá bosquejarse que no sea una pálida pintura, un débil reflejo de esa bella creación de Dios!

Si la contemplamos con el carácter de esposa, es ella la estrella polar del náufrago en el mar poderoso de la vida; es ella el ser que Dios bendice en los altares para la felicidad del hombre.

Bajo el prisma de la vida, no puede haber cosa mas bella y seductora que la mujer amada, dueña y señora de nuestros pensamientos.

La mujer trae a la vida dos misiones bellísimas; la de esposa y la de madre: la primera para constituir la felicidad del hogar; la de madre, ya lo dijimos, para cuidar de sus hijos y educarlos: misiones sin las cuales quedarían rotos los vínculos de la sociedad. La mujer es el ángel que Dios envía para mitigar las penas; es el ideal santo, la radiación celeste en las penumbras de la existencia; el sol de la dicha que, al fulgurar en el horizonte de nuestra vida, disipa las densas nubes del pesar y nos muestra claro y sereno el cielo de nuestras ilusiones. ¿Quién podrá sustraerse al imperio de la mujer, cuando a la belleza une la gracia, la virtud y el talento?

Pero por desgracia, ella que debiera ser el objeto de todos nuestros desvelos y afanes, de nuestra predilección en el cultivo de las letras, generalmente carece de los conocimientos necesarios, por la indiferencia con que, hasta nuestros días se ha mirado su educación.

¡Doloroso es confesar esta grande, pero triste verdad! Menos lujo, menos lectura de esas novelas que hieren el corazón solo para excitar las pasiones, incentivo venenoso que destruye la savia de la virtud.

No tan solo debe poseer el mayor grado de adelanto posible, para ser mas encantadora, mas admirable, para hacer mas espléndido el cuadro de su hermosura, sino también para que ésta sea mas estable y duradera, porque, sin la educación, sin ese escudo inexpugnable de la honra, suelen ser infecundos los gérmenes de la virtud. Es pues, indispensable el cultivo de la inteligencia, para embellecer la vida del hogar, y constituir la felicidad del esposo, que desea una compañera ilustrada con quien poder razonar. Es una garantía segura para el porvenir, porque de la educación de la mujer depende la pureza de las costumbres.

Una vez que hemos terminado nuestra tarea, hablando de la mujer en general, significaremos varias mujeres ilustres, ya en el vasto campo de la política, ya en literatura:

Una de las figuras mas ilustres que descuellan en la historia es Madame Stael. Artistas, literatos, políticos, y las figuras mas prominentes en todo un París que acudían a sus reuniones, reconocían el valor de sus pensamientos y sus discursos, ya fuesen de orden social, económicos, políticos, o puramente literarios. Esta mujer, por todos conceptos de una extraordinaria celebridad, murió el 11 de julio de 1817, dejando, entre sus mas importantes obras, las siguientes:
"Delfines y Corina", en el que se retrató a sí misma.
"Alemania y sus consideraciones", sobre la revolución francesa.

Ana Luisa Germana Necquer, Baronesa de Sthael, era su verdadero nombre. Madame Sthael fué asérrima enemiga de los Bonaparte, y sufrió el destierro a cuarenta leguas de París, ordenado por Napoleón. Regresó nuevamente a Francia, en donde fué perseguida por la publicación de su obra "Alemania", que contenía ciertos conceptos contra la familia imperial, pasando luego a San Petersburgo, Viena y Londres. Con la caída de Napoleón, pasó a París y allí hizo propagandas literarias.

Carlota Corday no fue mujer de historia esclarecida, ni de abolengo ilustre; no figuró en la lata sociedad de Francia, para quien era completamente desconocida. Nació en el Departamento de Orne en 1758 y murió aguillotinada en París el 17 de julio de 1793. Fue sencillamente esta heroína una joven del pueblo; pero concentrando en su espíritu todo el heroísmo del pueblo francés, semejante a la centella que desprendida de la nube derriba la gigantesca seiba secular, resuelta, impetuosa, como el torrente que se precipita de las montañas, o desgreñada como la catarata que parte de las altas cimas, recorre calles, encrucijadas, guiada como la demente bajo la presión de un solo pensamiento; no con la fiereza del león impulsado por la violencia de un instinto brutal, sino con la resolución inquebrantable que nace de una convicción profunda, llega a los umbrales de la casa, detiénese como indecisa, reacciona sobre si mismo aquel espíritu invencible, como el océano en sus movimientos formidables, penetra en la estancia, dirígese al cuarto de baño donde se hallaba la víctima; arrójase sobre la cual y clávale en sus entrañas el puñal homicida.

Con la muerte de Marat, disipáronse las sombras siniestras de la tiranía en Francia, surgiendo en aquellos espléndidos horizontes los radiantes destellos de la libertad.

Juana de Arco en Francia, Doncella de Orleans. Nació en 1412. Prestó grandes servicios contra los ingleses, cayó en poder de éstos en 1430, fué llevada a Ruan, y quemada viva como hechicera en 1431.

María del Pilar Sinues de Marco. Novelista aragonesa muy popular en América.

Gertrudis Gomes de Avellaneda. Poetisa española de Puerto Príncipe, Cuba. Murió en Sevilla.

Tomamos de la Enciclopedia de Mellado los sigientes párrafos:
"No hay otro ser en el universo que haya llamado mas la atención de los sabios, que la mujer.

Si pudiéramos reunir la infinidad de volúmenes que tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, se han dedicado a tan interesante objeto, formaríamos sin dudar una magnífica biblioteca, y veríamos que los mas célebres escritores que registra la historia de la literatura, de la filosofía, de la política, de la teología y de la medicina, han consagrado sus mas profundas meditaciones, a la mas preciosa mitad del género humano.

Diderot, Buffon, Rousseau, Montaigne, Fenelon, Roussel, Desmarais, Thomas, Cabanis, Moreau de la Sarthe, Mirabeau, Marcontell, Virey, Voltaire y Aime Martin entre los extrangeros, y Gerónimo de Huerta, Gaspar Franco de los Reyes, Bustamante de la Paz, Bonells, Viguera y Canseco entre nuestros compatriotas, han escrito con la mayor elevación, y no pocas veces con singular acierto sobre la mujer. Son obras muy dignas de consultarse también: Las mugeres fuertes, Las mugeres sabias, Las mugeres ilustres, La excelencia del bello sexo, La nobleza y excelencia de las mugeres, y Las madres de familia."

A pesar de los infinitos volúmenes consagrados por los sabios al estudio de la muger, ¿Quién será el afortunado mortal que pueda lisonjarse con razón de haberla llegado a comprender enteramente? La muger, según Monsieures Rescherelle y Larcher, es el fuego, el aire, el agua, el gas, el cielo, es... ¡el misterio de los misterios! ¿Dónde está, en efecto, el Edipo capaz de descifrar ese arcano vivo, que asi se esconde bajo los flotantes pliegues de un vestido de gasa, como bajo el pardo y estrecho jubón de una aldeana? La muger, criatura múltiple y vaporosa, se escapa al pincel del pintor, al lápiz del artista, y al escalpelo del fisiólogo, quienes se esforzarán en vano por alzar el velo que la cubre, no siendo dado a ninguno de ellos circunscribirla al limitado círculo de un lente. Y aún cuando se consiguiese descubrir y poseer todos los detalles de esa mezcla de misterio, de pudor y de amor que constituye la muger, ¿Se llegará por eso a conocer mejor su conjunto? Ciertamente que no; sucedería como con la tela de Penélope, habría que empezar de nuevo.

Para adquirir una idea aproximada de la muger, sería menester seguirla a la iglesia, al baile, observarla en la ciudad, en el campo, en el hogar doméstico, en los hospitales, en los dorados salones, en la boardilla, en las chozas, y hasta en su retrete. Sería menester sorprenderla cuando despierta, al acostarse, en el torbellino de sus placeres, en el seno del dolor, a la cabecera del enfermo, junto a la cuna de su hijo, en su lecho de muerte; en fin, sería preciso vivir su misma vida y respirar hasta su aliento.

"La muger," dice Diderot, "alimenta en sí misma un órgano suceptible de espantosos y terribles espasmos, que le manda despóticamente, y que incita en sus fantasías ilusiones de todas especies. Todo lo que hace, todo lo que piensa una muger, no tiene otro objeto que el de agradar al objeto de su cariño, porque su religión es el amor."

La muger es el elemento principal de toda evolución, sobre la serie de hechos de la actividad del pensamiento humano. La muger, como ser pensador y en alto grado sensible, está llamada a representar el papel más importante en el teatro de la vida, ya que de por sí lo tiene, moral y materialmente, bajo el sublime concepto de madre.

Alta y grandiosa es la significación de la muger, tal como nos la presentan las nuevas corrientes de la civilización, y un deber que surge del fondo de nuestra conciencia, nos induce a reconocerlo. Anima a la muger ese destello divino que llamamos alma, y esta alma, nu poede en manera alguna concretarse a las funciones de la vida sensible, por ejemplo, al amor, a cuyo templo el despótico imperio del hombre la ha condenado desde el origen de los tiempos. Cohibida en su mentalidad, semejante a la paloma cautiva, apenas ha encontrado horizontes donde tender sus alas. La muger en todas las faces de su existencia, ha sido la dulce compañera del hombre. Este mas tarde, no ha visto en ella otra cosa que un talismán, el ideal grandioso de sus ensueños, el objeto de su gloria y su placer, con los cuales ha regalado las mas brillantes horas de su existencia.

Empero, desde que sonó la era de la vida, compréndese que la muger no ha nacido con el fin exclusivo de embellecer el hogar, concretándose al amor, y al sacrificio en beneficio del hombre, sino que, a la vez, levantando su vista al firmamento, y formando un concepto mas claro de su personalidad sobre la tierra, nuevas aspiraciones han surgido en su mente y le han patentizado sus derechos inalienables que hoy reclama, y que deben marchar paralelos con los del hombre en el cuadro de la humana vida.

Así pues, la vemos en las grandes ciudades, organizando reuniones, terciando en los intrincados problemas de la política, y reclamando el derecho electoral que le corresponde como interesada en el bien de la patria. La vemos en la sociedad organizando sociedades de beneficencia para la protección del desvalido, y la vemos, en fin, colaborando en todo aquello que tiende al bien general de la humanidad.

Si damos una una mirada retrospectiva, podemos afirmar, que la muger no fue en el pasado la dulce compañera del hombre, sino su esclava. El hombre soberano del mundo, dictó sus leyes, y la sostuvo privada de su libertad, ya en el hogar, ya fuera del hogar.

De un bello artículo de "Pictorial Review" de la edición de Mayo 1914, extractamos lo siguiente:

"Uno de los mayores crímenes sociales que el hombre ha cometido, es la
esclavitud de la muger."

¡Reflexiónese un poco lo que ha representado para la civilización, el colocar así a las futuras madres de la raza humana! En lugar de esas restricciones, debió concedersele la mayor libertad posible, el mejor puesto, ya la mayor consideración: ella debió ocupar la posición mas ventajosa, porque el destino de la raza humana depende de la condición de la madre. En vez de llevarla atrás, las madres debieron ir delante, recibir la primera consideración, por lo que a su salud se refiere, a su comodidad, su desarrollo mental, su felicidad, fundado en que de ella depende el futuro de la raza humana. Las madres debieron recibir los mas grandes esmeros, cuidados atracciones para que las influencias de esto fueran transmitidas a sus sucesores."

Está reconocido que la muger es más generosa que el hombre, y que la filantropía es tal en su naturaleza, que todo lo sacrificaría en aras del bien común. Bajo el punto de vista moral, pues, la muger es superior a su compañero, puesto que no está tan cohibida por el egoísmo, que es la rémora de toda iniciativa noble y generosa.

Consideraciones antropológicas, es una verdad que colocan a la muger en un grado inferior al hombre: Su cerebro, dicen, pesa menos, su estatura es inferior, su frente es menos espaciosa, y otros detalles mas con respecto a su organización; hemos no obstante de convenir que si estas diferencias han de concordar con las funciones que la muger y el hombre han de llenar en la vida, ésto no es un óbice para formar un juicio sobre sus facultades intelectuales y morales.

Surgida, pues, la muger de las sombras a la luz, y habiendo estado por tantos siglos en la inacción mental, claro es que examinando su cerebro, no puede presentar las circunvoluciones reveladors de la acción del espíritu sobre la masa encefálica; mas esto no quiere decir que en aquella no existan los elementos necesarios para su regeneración cumplida en el futuro.

¿Cómo hemos de encontrar en ella esos signos de superioridad intelectual, según los datos fisiológicos, al igual del hombre, si a la muger no se le ha dejado pensar libremente, si jamás ha entrado en el complicado mundo de los negocios humanos, si le ha sido siempre desconocido el vasto campo de la ciencia, el derecho, la medicina, la física, la química, la botánica, y todos esos conociminetos que tienden al desarrollo de las facultades mentales y al desenvolvimiento de los órganos del pensamiento negado así mismo el dominio de las artes, la geometría y las matemáticas, no habiendo hecho jamás otra cosa que vivir en las esferas del mundo sensible, entregadas a las faenas domésticas en el senos del hogar?

"En la muger predominan las facultades afectivas, así como en el hombre
las intelectuales. La muger vive mas para la especie que para sí misma."

"Jamás es ningún tiempo ni lugar," añade Letamendi, "la muger ha sido
libre, y no es por cierto el cautiverio la mas abonada condición para que una
criatura nos revele la verdad de sus caracteres. ¡Cuán incompleta y errada
redactaríamos la historia natural del tigre y del león , del oso y de la girafa,
del buitre y del dromedario, si no poseyéramos mas datos que los que esos seres
nos suministran desde las jaulas de los parques zoológicos!"

"Si el varón posee gran fuerza muscular, la muger posee gran resistencia
sensitiva."

"Sin fijarnos mas que en el frio y el dolor, vemos a la muger mas potente
que el hombre en el orden sensitivo. Ella desafía toda inclemencia atmosférica
con una tercera, cuarta o quinta parte del abrigo que el varón necesita: ella
soporta impunemente, aun en sus funciones normales los dolores mas acerbos, y
los olvida luego, y vuelve a desafiarlos, y torna despues a resistirlos.
Pudiera decirse que el varón es de hierro, y la muger de acero, y que, lo que
aquel puede como arma arrojadiza, puédelo ésta como fuerza de resorte. Así la
muger enmedio de su servidumbre histórica, siempre ha sido la que ha lanzado a
su tirano a mayores extremos, tanto en lo criminal como en lo heróico."

La muger va conquistando su independencia, y elevándose dia tras dia a las altas cumbres del pensamiento, rivalizando con su compañero, y es la llamada, por su elevada condición moral, a ser la representación mas gloriosa en el porvenir.

La muger ha despertado en la inacción a que se le hallaba sometida, y hoy reclama su voto, sus demás derechos, como entidad pensadora, y esos derechos se consideran, se discuten y se resuelven en el santuario de la ley.

La muger es hoy una personalidad definida en todos sus aspectos, como lo es el ciudadano; y si al presente, por las concausas ddeterminadas no alcanza el nivel intelectual del hombre, en cambio, su condición moral, sus dolores en la vida, sus penalidades infinitas, sus martirios como madre; la convierten en verdadera diosa a cuyas altas esferas jamás podrá ascender el hombre, no obstante los deslumbrantes explendores de su genio.

[Nota del transcriptor: La mujer en Puerto Rico no tuvo derecho al voto hasta el 1932.]


0 Comments:

Post a Comment

<< Home